Los caminos de la innovación IX: Innovación por simplificación

Siempre hemos creido que innovar es hacer las cosas más complejas, añadir más botones al mando de la tele, poner más siglas a los sistemas de seguridad de nuestro automóvil, añadir más opciones a los menús de nuestro software o incluir 70 postres en la carta de nuestro restaurante.  A veces estamos tan embelesados en añadir más y más elementos a nuestros productos que rapidamente caemos en los superfluo. Se puede innovar simplificando y muchas veces es necesario y aunque parezca una paradoja puede ser mucho  más complejo que innovar aumentando la complejidad.

Es  más sencillo evolucionar un producto a base de añadir mejoras que seguir el camino inverso. Lo primero implica construir sobre una base, lo segundo exige tomar decisiones dolorosas como prescindir de elementos, en el riesgo está la ganancia. Para poder simplificar un producto con éxito debemos de tener muy claro que es lo que necesitan nuestros clientes.Un buen ejemplo de simplificación es el Ipod  y sus mandos en formas de ruletal, en su momento nos permitía hacer lo mismo que cualquier otro reproductor de manera más sencilla.

Podemos llevar la simplificación a un nivel más elevado y conseguir que la gente pueda hacer cosas complejas de manera sencilla. El ejemplo más claro es la página de busqueda de Google, desde un sencillo cuadro de texto, nos permite acceder a información sobre cualquier cosa, ordenando los resultados de búsqueda por relevancia.

Seamos honestos, la complejidad es improductiva, engorrosa, puñetera y lenta. Sólo nos sirve cuando no hay otra alternativa, tal y como enuncia el principio de la navaja de Ockham que nos solo es válido a la hora de buscar explicaciones, también no vale a la hora de buscar soluciones.

En el mundo la complejidad y la simplicidad se superponen en capas, la clave está en que los usuarios de nuestros productos se encuentren siempre con una capa de simplicidad. Tened cuidado. La innovación está ahí afuera.