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Una visión en perspectiva de las redes sociales (II)

Del hombre masa al hombre Twitter hasta llegar a Justin Bieber

Las redes sociales ¿el imperio del mal?

Los medios de masas son como el cemento que mantiene unida a las sociedades postmodernas. Pero es tan fuerte nuestra tendencia a buscar las pequeñas comunidades, que por muy fuertes que sean las tendencias históricas y la presión social, al final siempre terminan aflorando nuestros instintos.

La cultura y la economía de las masas, unida al capitalismo, proporciona un bienestar económico mayor, más salubridad y una vida más longeva que los anteriores sistemas sociales conocidos. Todas estas “necesidades” pertenecen a los escalones más bajos de la pirámide de Maslow. No obstante este modelo, tiene otros inconvenientes que dificultan a la mayoría de los individuos alcanzar la plena satisfacción de los escalones más altos de la pirámide.  A saber, la estimación ajena, la autoestima y la autorrealización.

Somos residentes de nuestra ciudad, trabajadores de nuestra empresa, paisanos de nuestra región, ciudadanos de nuestro país, miembros de la comunidad europea. Aunque no pensemos mucho en ello, nuestra pertenencia a cada uno de esos grupos nos exige dar algo a cambio. Bien sea una parte del fruto de nuestro trabajo o parcelas de nuestra mente y tiempo además de una porción nada desdeñable de nuestra libertad y voluntad. Dichas cesiones y en especial esta última limitan bastante nuestras posibilidades y acortar nuestro radio de acción. Aunque en la mayoría de los casos no seamos o no queramos ser conscientes este es un hecho innegable.

Cada grupo tiene sus distintas reglas o códigos de conducta y pertenecer a siete grupos implica tener que observar siete códigos distintos de conducta a veces parcialmente incompatibles. Ser miembro de un grupo siempre nos permite obtener algo, pero a la vez, nos exige a nosotros dar algo también.

Como bien saben cualquier publicista la atención es el recurso económico más escaso. Los hombres sólo podemos  prestar atención a una cosa a la vez, las mujeres tal vez a más pero con un nivel de intensidad mucho más bajo. Teniendo “tantos compromisos sociales”  resulta cada vez más difícil centrarse en uno mismo e intentar emprender ese largo y difícil camino necesario para buscar nuestra autorrealización. Somos menos dueños de nuestro destino y por lo tanto tenemos menos opciones para poder convertir nuestra vida en lo que nosotros queremos que sea y lograr el pleno desarrollo de nuestras facultades. Algunos tal vez lo consigan, pero porcentualmente son un porcentaje mínimo.

 

¿Por qué la cultura de masas es el germen de la infelicidad?

Es mucho más difícil encontrar nuestro lugar en una colmena que una manada, es una pura cuestión aritmética. Cuesta más alcanzar la estima ajena entre una multitud que ante un pequeño pueblo. En ninguno de los dos casos es una tarea fácil. Para millones de personas Cristiano Ronaldo, Messi o Belén Esteban, ocupan parcelas de su mente mucho más importantes que cualquiera de sus vecinos, amigos o compañeros de trabajo. Nuestra mente está totalmente imbuida por cuestiones que totalmente ajenas a nuestra experiencia sensorial directa, como el último encuentro de nuestro equipo de fútbol, la boda de los príncipes de Inglaterra, la coyuntura económica o el modelo educativo. Preferimos preocuparnos de esas cuestiones que hacer deporte, cuidar nuestra relación de pareja, pensar en cómo mejorar nuestra economía o sentarnos a hacer los deberes con nuestros hijos.

Pongamos un sencillo ejemplo: Justin Bieber tiene unos 100 millones de fans. Si cada uno de ellos admirara a una persona que realmente conoce,  (y cualquiera conoce a un puñado de personas más dignas de admiración que Justin Bieber) el mundo sería un lugar mucho más feliz. Habría 100 millones de personas más que más felices, gracias a la admiración recibida y  los admiradores a su vez, tendrían muchas más posibilidades de ser correspondidos. Además, no tendrían que hacer largas colas a intemperie para poder ver de cerca al objeto de su admiración.

Pero para poder mantener sociedades tan gigantescas cohesionadas necesitamos a CR7, Justin Bieber y el BCE. Necesitamos instituciones y mitos, sin ellos las sociedades que conocemos no pasarían de ser simples agrupaciones de individuos. Y la atención y el tiempo que dedicamos a esos mitos e instituciones es una parte del precio que tenemos que pagar por ser miembros de esas sociedades. Toda la atención que prestamos a los elementos “sociales” es la detraemos de nuestro entorno más inmediato.

Pero llegado a este punto la tecnología se puso de nuestro lado y nos permitió volver a dar rienda suelta a nuestra tendencia a relacionarnos en pequeñas comunidades que pueden sobrevivir entre el magma de la gran sociedad. Comunidades no formadas por los lazos de sangre o la cercanía geográfica  sino por la afinidad emocional, sentimental, intelectual o ideológica.

Y antes de tratar el asunto en profundidad es importante destacar como ejemplo que la primera red social que alcanzó una cierta relevancia (Myspace) nació como una alternativa a uno de los elementos de la sociedad moderna más relevante, la industria cultural, que por aquel entonces tenía un férreo control sobre los medios de promoción y era la que decidía quien estaba dentro fuera y quien estaba fuera. Myspace nació como un espacio donde el artista desconocido podía colgar su música y promocionar su música, el mismo Justin Bieber.

En este artículo hemos podido profundizar un poco más en el análisis de los antedecentes. En la próxima entrega entraremos directamente en harina y haremos una análisis un poco distinto del habitual sobre las redes sociales.

De la era del mass media a la era del social media

Los medios de masas son como el cemento que mantiene unida a las sociedades postmodernas. Pero es tan fuerte nuestra tendencia a buscar las pequeñas comunidades, que por muy fuertes que sean las tendencias históricas y la presión social, al final siempre terminan aflorando nuestros instintos.

La cultura y la economía de las masas aunque objetivamente proporciona un bienestar económico mayor, más salubridad y una vida más longeva, necesidades todas ellas pertenecientes a los escalones más bajos de la pirámide de Maslow, tiene otros inconvenientes que dificultan a la mayoría de los individuos alcanzar la plena satisfacción de los escalones más altos de la pirámide.  A saber, la estimación ajena, la autoestima y la autorrealización.

Somos residentes de nuestra ciudad, trabajadores de nuestra empresa, paisanos de nuestra región, ciudadanos de nuestro país, miembros de la comunidad europea. Aunque no pensemos mucho en ello, nuestra pertenencia a cada uno de esos grupos nos exige dar algo. Bien sea una parte de lo obtenido con nuestro trabajo, dedicar nuestro tiempo y parcelas de nuestra mente y lo más importante, una nada porción de nuestra libertad y voluntad. Porque cada grupo tiene sus distintas reglas o códigos de conducta y pertenecer a siete grupos implica tener que observar siete códigos distintos de conducto. Y pertenecer a un grupo siempre nos permite obtener algo, pero a la vez, nos exige a nosotros dar algo también.

Como bien saben cualquier publicista la atención es el recurso económico más escaso. Los hombres sólo podemos  prestar atención a una cosa a la vez, las mujeres tal vez a más pero con un nivel de intensidad mucho más bajo. Teniendo “tantos compromisos sociales”  resulta cada vez más difícil centrarse en uno mismo e intentar emprender ese largo y difícil camino necesario para buscar nuestra autorrealización. Somos menos dueños de nuestro destino y por lo tanto tenemos menos opciones para poder convertir nuestra vida en lo que nosotros queremos que sea y lograr el pleno desarrollo de nuestras facultades. Algunos tal vez lo consigan, pero porcentualmente son un porcentaje mínimo.

Por otro lado, está claro que es mucho más difícil encontrar nuestro lugar en una colmena que una manada. Es muchísimo más complicado alcanzar la estima ajena entre una multitud que un que un pequeño pueblo. Para millones de personas Cristianos Ronaldo, Messi o Belén Esteban ocupan parcelas de su mente mucho más importantes que cualquier de nuestros vecinos. Nuestra mente está totalmente imbuida por cuestiones que nos son totalmente ajenas como el último encuentro de nuestro equipo de fútbol, la boda de los príncipes de Inglaterra, la coyuntura económica o el modelo educativo. Preferimos preocuparnos de esas cuestiones que hacer deporte, cuidar nuestra relación de pareja, pensar en cómo mejorar nuestra economía o dedicar tiempo a la educación de nuestros hijos.

Pongamos un sencillo ejemplo: Justin Bieber tiene unos 100 millones de fans. Si cada uno de ellos admirará a una persona que realmente conoce,  (y seguramente cualquiera de esos cien millones conoce a un puñado de personas con más meritos que Justin Bieber) el mundo sería un lugar mucho más feliz. Habría 100 millones de personas más que más felices, gracias a la admiración recibida y  los admiradores a su vez, tendrían muchas más posibilidades de ser correspondidos. Además, no tendrían que hacer largas colas a intemperie para poder ver de cerca al objeto de su admiración.

Pero para poder mantener sociedades tan gigantescas cohesionadas necesitamos a CR7, Justin Bieber y el BCE. Necesitamos instituciones y mitos, sin ellos las sociedades que conocemos no pasarían de ser simples agrupaciones de individuos. Y la atención y el tiempo que dedicamos a esos mitos e instituciones es una parte del precio que tenemos que pagar por ser miembros de esas sociedades.

Pero llegado a este punto la tecnología se puso de nuestro lado y nos permitió volver a dar rienda suelta a nuestra tendencia a relacionarnos en pequeñas comunidades que pueden sobrevivir entre el magma de la gran sociedad. Comunidades no formadas por los lazos de sangre o la cercanía geográfica  sino por la afinidad emocional, sentimental, intelectual o ideológica.

Y antes de tratar el asunto en profundidad si que es importante destacar que la primera red social que alcanzó una cierta relevania (Myspace) nació como una alternativa a uno de los elementos de la sociedad moderna más relevante la industria de la música de masas, que por aquel entonces tenía un ferreo control sobre los medios de promoción y era la que decidía quien estaba dentro fuera y quien estaba fuera. Myspace nació como un espacio donde los artista desconocidos podía colgar su música y promocionar su música, el mismo Justin Bieber.

Una visión en perspectiva de las redes sociales (I)

Las redes sociales y sus guerras

Como profesional del marketing he venido siguiendo con interés todo lo relacionado con las redes sociales. Y digo bien, como profesional. Personalmente las redes sociales me generan el mismo interés que un destornillador o un exprimidor de zumos, herramientas que utilizo en momentos concretos para hacer cosas específicas. No soy ni un apasionado de los medios sociales, ni un evangelista ni nada parecido. No aspiro a convertirme en especialista de ninguna herramienta de marketing o de comunicación, simplemente intentó comprender la forma de pensar, sentir y actuar de la gente.

La diferencia entre la historia y el periodismo es que la primera escribe sobre hechos ya consumados, de los que conocemos su conclusión y por tanto es más sencillo tirar de hilo y separar el grano de la paja. Detectar cuales fueron los hechos relevantes y cuáles no tenían importancia.

En cuanto a la actualidad, la cosa no es tan sencilla, todo puede ser grano o ser paja. Con las redes sociales estamos un punto intermedio, todavía son actualidad, pero por otro lado tenemos algo de  material histórico para poder un análisis en  perspectiva y ver cuál ha sido el impacto real que han tenido en nuestras vidas, en nuestra forma de relacionarnos, comunicarnos y consumir información.

Antes de las redes sociales: del hombre manada al hombre colmena.

La historia de los últimos 10.000 años puede resumirse en continua transición del hombre desde las cavernas hasta las ciudades. Durante este periodo hemos abandonado nuestro tradicional modo de vida que durante los últimos 200.000 años ha servido al homo sapiens.  Y que por otro lado no parece ser casi idéntico a las especies que nos precedieron, tal vez desde el Homo Habilis durante un periodo estimado de al menos 2 millones de años.

Nos  referimos a las tradicionales bandas de cazadores-recolectores de no más de 200 individuos que han  sido la base de la organización social de nuestra especie.  Todavía hoy en los lugares más recónditos del planeta podemos encontrar pequeñas sociedades aisladas que viven como auténticos hombres.

Es tal la imprimación biológica que tenemos de este modelo de organización que sólo con los recientes avances en la técnica y la ingeniería social se ha podido completar esta transición. Se cree en el año 2030 más del 60% de la población vivirá en ciudades. La técnica ha sido de gran ayuda. En la edad antigua se necesitaba todo un imperio y una red de ciudades para sostener una gran metrópolis como Roma con más de un millón de habitantes.

Desde la revolución industrial y gracias especialmente a su aplicación en la agricultura, la cantidad de superficie agrícola y forestal necesaria para sostener a un millón de habitantes ha ido drásticamente en descenso, lo que ha permitido un incremento exponencial en el número de ciudades y habitantes de las mismas. Por otro lado el avance de la ciencia y la técnica ha permitido un mayor aprovechamiento de los recursos fósiles y energéticos como la energía hidráulica o solar.

Pero el verdadero impedimento para superar este modelo ha sido nuestra resistencia natural a vivir en comunidades grandes. Para superar esa tendencia han sido necesarios tres factores esenciales: la falta de viabilidad económica en los pequeños núcleos rurales, la escolarización y los medios de comunicación.

¿Un artículo sobre redes sociales y todavía no se ha mencionado ni a Facebook  ni a Twitter? Y lo que te rondaré, antes de hacer un análisis histórico  minimamente serio es necesario hacer un repaso a los antecedentes y para eso nos quedan todavía un par de artículos que en breves estarán disponibles en sus pantallas.

Las redes sociales en el ámbito profesional

Antes de empezar, he de reconocer que yo también piqué el anzuelo. Sí, también me tragué el camelo de las redes sociales. A nivel personal, nunca he sido muy aficionado a su uso. Esto no impidió que en un momento dado me vi arrastrado por el tsunami y abrí los típicos perfiles en redes sociales: Twitter, Facebook, Google , et., a pesar de que mi intuición que me decía que eso no iba con nuestro negocio… Al principio fue simplemente un refuerzo del posicionamiento orgánico, con el tiempo Google cambió sus criterios y comenzó a dejar de tener en cuenta los enlaces en redes sociales como FB o Twitter, a excepción parece ser de Google .

Como no, también nos dejamos caer por LinkedIn esa nueva Ítaca, para profesionales y empresas que en teoría es la red social ideal para el B2B.  El problema es que en LinkedIn todo el mundo está porque quiere vender algo, poca gente tiene presencia en esta red para intercambiar, interactuar y conocer. Esto lo convierte prácticamente en un infierno virtual para vendedores: muchos colegas de profesión y pocos compradores.

Por otro lado el uso de las redes sociales como herramienta profesional coarta el  tono, la temática utilizada y en general la comunicación fluida, lo que a larga se traduce en una pobreza general del canal. Casi nadie habla como profesional con la misma franqueza que puede hacerlo en su ámbito personal. Al final la corrección política¸ ese monstruo que devora nuestra libertades, acaba convirtiendo las redes sociales de profesionales en enorme páramo aburrido lleno de vacuidades y generalidades con un muy poco contenido de interés. Donde nadie quiere granjearse una enemistad y todo el mundo quiere quedar bien con todos, por eso de no cerrarse ninguna puerta. En definitiva, la cuadratura del círculo.

El problema de la fiabilidad

Esto hace que a la postre y en general, el contenido de LinkedIn sea menos fiable que la edición del Pravda de la tarde. Pondré un ejemplo, si una empresa está considerando cambiar su ERP y pide consejo sobre que aplicación escoger, el grupo en cuestión se llenará de comentarios y sugerencias de personas involucradas con la marca x o y, contando las bondades de su productos.   Los que realmente tendría que hablar de su experiencia, usuarios de las aplicaciones, verán en cierta medida coartada su libertad, ya que su exposición es pública y según la creencia generalizada en el mundo de la empresa no conviene crearse enemigos de manera gratuita sin sacar nada a cambio. A fin de cuentas, el Director de Informática de mi empresa puede ser amigo del comercial del fabricante del ERP X o amigo intimo del Director de Proyecto de la empresa que nos lo implantó. Así de todos modos las personas que tienen información sobre cuestiones de interés, se preguntan ¿Qué gano yo con todo esto? Y automáticamente se inhiben de emitir su opinión.

Las redes sociales mataron el anonimato en Internet, con él puede que también muera la sinceridad con la que la gente se expresaba en los foros. Curiosamente las mejores fuentes de información en Internet sobre asuntos críticos, siguen siendo los comentarios anónimos y semianónimos. Y es que olvidamos con frecuencia que unas de las grandes ventajas que tiene Internet es la privacidad o incluso la identidad múltiple, que nos permite emitir nuestra opinión con libertad sin que seamos castigados por ello, lo que al contrario sucede casi siempre en la vida real.

Grupos de LinkedIn con nombres del estilo  “Social Media e Innovación en la empresa”, deberían de llamarse en realidad: “Community Managers con pocos clientes en busca de algún cliente”. Los profesionales que basan su trabajo en el conocimiento rara vez están dispuestos a regalar su verdadero conocimiento que es el instrumento a través del cual se ganan la vida.

Algunas implicaciones obvias del uso de las redes sociales en el ámbito profesional

Utilizar las redes sociales en horas de trabajos, es lógicamente considerado un síntoma de vagancia y desocupación, a menos claro está, que las utilices para vender algo. Esta es la razón por la las redes sociales para profesionales al final  resultan ser una horda de vendedores y profesionales del marketing, o lo que es peor aún, de expertos en redes sociales. Sí, he dicho bien, esa nueva plaga que estamos padeciendo, los que hoy nos venden una campaña en redes sociales hace cuatro años nos hubieran sugerido que comprar un terreno en secondlife.es

Por otro lado el tiempo y la capacidad de atención son dos de los recursos más limitados de los que disponemos. La multitarea humana solo funciona parcialmente en las mujeres, muy pocos hombres son capaces de hacer varias cosas a la vez y casi ningún humano es capaz de realizar dos cosas complejas a la vez, a menos de que sean tareas mecanizables, en cuyo caso al final siempre resulta preferible poner una máquina.

El caso es que si empleamos mucho tiempo en las redes sociales, de alguna manera se lo estamos robando, a algún otro tipo de actividad. Si prestamos atención a una cosa no podemos prestársela a otra.  El que pasa mucha en las redes sociales tal vez lo hace porque no tiene mucho trabajo, y si no lo tiene, tal vez es porque no sea muy bueno en lo que hace. A menos claro está, que esté intentando vender algo a través de las redes sociales.

Cuanto más pienso en las redes sociales  más me acuerdo de Apple y de los maestros en la organización industrial que innovaron a base de eliminar lo superfluo y centrarse en las cosas que realmente aportan valor.  En la redes sociales hay mucho de superficial, improductivo y lo que es peor, de cotilleo.

Mi yo  real y mi yo digital: la falsificación de la identidad digital

Con el ascenso de los medios sociales orientados a profesionales ha surgido un nuevo tipo de picaresca, la del amejoramiento o incluso falsificación de la identidad digital. El procedimiento es muy sencillo,  hay que sacar nuestro mejor traje y nuestra mirada/sonrisa más interesante para obtener una buena foto. Incluso si tenemos algún colega que maneje el Photoshop, podemos pedirle que nos haga unos retoques, que juegue con los canales o que nos blanquee los ojos y añada un desenfoque  gaussiano, que nos de una toque místico e incluso mágico, algo que nos distinga del resto de los gañanes que circulan por las redes sociales. Esta es sin duda la parte más importante.

Ahora solamente tenemos que edulcorar un poco nuestra experiencia, donde pone Reponedor Carrefour en Torrejón, simplemente debemos sustituirlas por Responsable Operativo de SCM en Carrefour- Zona Centro. Lo importante es utilizar muchos nombres raros en inglés, nombres para puestos muy largos, que desanimen al lector a llegar hasta el final de línea y largas parrafadas sobre las labores desempeñadas, que como siempre han de dejar impresionados al lector. Al puesto anterior por ejemplo, le iría muy bien una descripción de este tipo:

Durante mi periodo en este cargo tuve oportunidad mejorar mi capacidad para la organización y el orden (“nota del autor: equivale a coloque muchos tomates y cebollas”), así como comprender las complejas interdependencias que generan que se generan en los circuitos de abastecimiento del sector de la alimentación. (Ahora solo falta poner una nota humana) Pero lo más importante fue el trabajo en equipo y la maravillosa gente con la que tuve oportunidad de compartir mi trabajo, bla, blaba, blaba, blaba…..

Solo nos queda un detalle, ponerle una guinda al pastel en forma de recomendaciones apañadas con algún colega, a cambio claro está de recomendaciones en su perfil y vola, ya tenemos nuestra ración personal de botox digital.

Como conclusión diré algo que puede chirriar en esta era del maquillaje y las falsas apariencias. Ser y parecer son dos tareas que exigen mucho esfuerzo y dedicación, no se puede hacer bien ninguna de las dos. No se puede servir a dos señores a la vez, o te dedicas a aparentar o te dedicas a ser…

¿Hay que estar en las redes sociales?

En los últimos años ha surgido un nuevo credo universal cuyo principal dogma es que las redes sociales son la repanocha.  Si alguien no tiene un pérfil en Facebook es que simplemente no existe, si quieres tener relevancia, dedícate a darle al botón de Megusta de todo lo que publique la gente, seguro que también promocionaran tu contenido, aunque ni siquiera lo lea….

Nada nuevo bajo el sol

El concepto de red social, fue propuesto a principios del siglo XX,  aunque el fenómeno de comunicación social, no comenzó hasta comienzos del XXI con myspace.com, red social ahora caída en el olvido. A nivel de innovación las redes sociales no son fruto de desarrollo de ningún tipo de tecnología específica, surgen de aplicación de la tecnología web y los sistemas de gestión de bases de datos a la comunicación interpersonal. Nada nuevo bajo sol, las redes sociales funcionan bajo la misma tecnología que los grandes directorios o periódicos online. En los últimos tiempos algunas compañías como Twitter o Facebook han propugnado la utilización de nuevas tecnologías tipo No-SQL con la intención de dar respuestas a los problemas específicos de los grandes volúmenes de datos que manejan, pero no podemos olvidar que el núcleo esencial de Facebook, fue codificado en pocas semanas por un estudiante, hoy venerado como paradigma del emprendedor tecnológico.

La función principal de las redes sociales es la comunicación a nivel personal de forma masiva. A diferencia del e-mail nos permite comunicar contenido a muchas personas a la vez o recibir de manera simultánea las publicaciones de muchas personas. Conforme se ha ido extendiendo su uso a capas cada vez más amplias de la población también se ha convertido en el sustituto de un elemento que fue imprescindible para la comunicación durante la segunda mitad del siglo XX: el listín telefónico.

Así como antes cuando queríamos localizar a alguien utilizábamos el listín telefónico, ahora simplemente tecleamos su nombre en Facebook y podemos estar en contacto con él, a golpe de un par de clicks. Incluso podemos obtener mucha más información que consultando un listín para saber si realmente queremos recuperar el contacto con él. En pocas palabras: nos permite alcahuetear.

El verdadero secreto del éxito

Y esa es la verdadera diferencia de las redes sociales es que nos permiten ver y ser vistos, son el nuevo sustituto de la antigua plaza del pueblo a la que bajaban todos hablar. En mundo en el que generalmente nuestros vecinos suelen ser unos auténticos extraños gran parte de esa grata comunicación interpersonal se realiza vía Megusta. Hoy en día nuestro entorno físico no coincide con nuestro entorno emocional, solemos estar separados físicamente de la gente  que nos importa. Estas sin duda son las verdaderas claves que han hecho de las redes sociales un instrumento tan utilizado.

Como todo, las redes sociales necesitan dinero para funcionar, y era lógico que las empresas, tarde o temprano se hicieran notar en unos entornos virtuales de ocio donde la gente pasa tantas horas. Su modelo económico es similar al de la radio,  televisión y otros medios, digitales: pago por presencia.

El nuevo becerro de oro

Antes incluso de que las redes sociales tuvieran un mínimo éxito, centenares de apóstoles del nuevo credo salieron exaltados a proclamar las bondades de la nueva panacea. Poco a poco, lo que antes una afición esporádica como chatear en los foros, pasó a convertirse en nueva profesión determinante: el Comunity Manager que a través de foros, blogs, posts y tweets, se dedicaron a repetir al unísono el nuevo y sagrado mantra: hay que estar en las redes sociales.

Da igual que seas carpintero, fabricante de piezas para la industria aeroespacial, agente secreto o traficante de armas, es imprescindible tener presencia en las redes sociales.  A partir de entonces surgió una frenética carrea para crear perfiles en Twitter y páginas en Facebook, en la que se ha invertido gran cantidad de tiempo y esfuerzo con resultados dispares aunque pobres en las mayoría de los casos.  Y aun así todavía casi ninguna voz se ha alzado contra el nuevo mandamiento: hay que estar en las redes sociales.

Cualquier persona con un mínimo de sentido crítico, que no esté intoxicada por los efluvios del nuevo opio, se dará cuenta  de que hablar con nuestro carnicero a través de Facebook no nos aporta más valor que poner un sms o un correo. ¿Quién quiere ser amigo de su compañía de la luz? ¿Acaso merece la pena retwitear las hipotecas de nuestro banco?

Ya no creo en las redes sociales

Parto de la base de que puedo ser un auténtico zote en redes sociales, nunca me han convencido. El Facebook me parece unaperdida de tiempo, tengo una cuenta abierta más por temas profesionales que personales. Cuando quiero decir algo a  alguien, cojo y lo llamo, no me gusta dar comunicados todos mis conocidos. Tampoco me genera satisfacción el disponer de una herramienta que me permita modular la imagen que proyecto. En resumen cada minuto que invierto en Facebook, tengo la sensación de estar perdiendo el tiempo.

En el Twitter no se ni que decir, pocas veces he leido algo interesante, alguna vez te puede llevar a algún enlace curioso, al igual que puede hacerlo cualquie lector feeds. Desde hace mucho tiempo tengo la sensación de que internet se convertido más en un red de repetición que de información, donde la prisa, la angustia por vivir el momento, los me gustas, twitteos, retwiteos y requetetuiteos no hacen sino dificultar el acceso a una información de calidad al  igual que la hojarasca tapa las setas. De aquí en adelante el resto de redes sociales, o son simples imitaciones más o menos mejoradas o degeneraciones todavía más frikis, como Foursquare, que consiste basicamente en decir, oye tú, que estoy aquí, esto mola/no mola. Algunas como LinkedIn o Quora con enfoques más prácticos si que pueden ser de utilidad. Pero las redes sociales puras, aquellas que como la cola del pavo real o la cresta del gallo, tienen como finalidad alimentar nuestro ego o que cómo la metadona nos sirven como sucedáneos del afecto ajeno, no me dicen nada. Prefería la epoca del internet anónimo donde la gente, salvo “ trollosas” execepciones, era más sincera y la dictadura de lo “correcto”, no había todavía llamado a la puerta.
El problema es que como  profesional del marketing, mi desapego hacia las redes sociales me convierte en un auténtico hereje, en un sacerdote sin fe. He intentado luchar contra mi mismo, en algún momento me dije que era cosa de  los tiempos, que no podía luchar contra el tsunami. Pero ya no puedo más, hoy oficialmente dejo de luchar contra mi mismo. ¿Acaso algún feligrés podrá reconducir a esta oveja perdida al rédil? Saludos y felices “shares”.

PD: No os olvideis de twittear este post o colgarlo en vuestro muro facebook.

PD: Además no hemos abierto una nueva cuenta en tumbl, donde difundimos noticias sobre aplicaciones erp

Redes Sociales y espionaje industrial

¿Has recibido alguna sospechosa invitación a unirte la red de un competidor en LinkedIn o en Facebook? Esta es la técnica más rudimentaria de espionaje industrial en redes sociales. Consiste en ir agregando gente a tu red, para poder ver sus contactos, impidiendo  que ellos puedan ver los tuyos.

La mayoría de los usuarios tienen un pérfil abierto, es decir, permiten que cualquier persona dentro de su red pueda ver sus contactos. Cuando alguien actúa de mirón, activa una opción en su perfil para evitar que sus contactos sean vistos.

La siguiente técnica más básica es la suplantación de identidad. A priori nada impide a un usuario crearse un perfil con el nombre de un famoso o de alguien importante y utlizarlo para conseguir contactos. ¿Quien sería capaz de rechazar una invitación de Emilio Botín o de Juan Carlos I?

Pero la cosa no queda hay, allá por el 2007 se detectarón oleadas de mensajes infectados de troyanos, que fueron dirigidos de manera muy personalizada a ejecutivos de importantes empresas.  Con el tiempo, las técnicas se han ido sofisticando cada vez más.

Otro potencial coladero  son las API´s de las redes sociales, que mediante programación permiten que terceros accedan a los datos almacenados los servidores de Facebook o Twitter, por citar algunas conocidos ejemplos. Aunque a priori se necesita de la autorización del usuario, no es muy difícil conseguirla mediante engaño. Muchas ofertas comerciales requieren que el usuario, se haga fan de una empresa, así como muchas páginas nos solicitan autentificarnos vía facebook o twitter. Al hacerlo nos sale un ventana donde nos comunican que el sitio en cuestión requiere acceder a algunos datos de nuestra cuenta. Si, es una de esas ventanas que casi nadie leemos porque tenemos demasiada prisa en darle al botón de aceptar.

Este mismo procedimiento puede ser usada para acceder a los sistemas de un usuario mediante aplicaciones gratuitas para móviles. Al descargarlas tenemos que conceder ciertos permisos a la aplicación en cuestión para acceder a datos y rutinas almacenadas en un dispositivo. Si por ejemplo permitimos a una aplicación acceder a nuestra agenda y al envío de datos por internet, nada podría impedirle a priori, el enviar todos los datos de nuestra agenda a terceros.

Un mantra repetido hasta la saciedad en los ultimos dos años, es que las redes sociales son un fuente potencial de grandes beneficios para los usuarios. Visto que también tienen sus peligros, puede que sea cierto ya que la el riesgo siempre va asociado a la ganancia. Y vosotros que opinais: ¿existen más riesgos ocultos en las redes sociales?