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Big Data: de Google a su empresa


El Big Data, es un nuevo enfoque en gestión de datos, surgido por las necesidades de las grandes compañías de Internet de lidiar con grandes volúmenes de datos. Cuando comprendieron que los sistemas tradicionales de almacenamiento y análisis de información, no eran capaces de dar respuesta a la gran cantidad de datos a gestionar, se vieron obligados a desarrollar nuevas tecnologías.

Es difícil establecer cuando nació el Big Data. Los primeros en marcar a la res,  fueron O´Reilly Media allá por 2005 y que el lanzamiento de Hadoop en 2006 marcó un hito en cuanto a tecnologías orientadas al almacenamiento y análisis flexible de datos, pero la cuestión siempre ha estado en el aire.

La aportación de Google

En el año 2000, los ingenieros de Google se dieron cuenta que ningún software disponible en el mercado sería capaz de ayudarles a afrontar el enorme reto que tenían entre manos: indexar y organizar toda la información contenida en una Internet en crecimiento constante. Entonces, desarrollaron una nueva infraestructura de almacenamiento de datos, basada en dos sistemas: uno de gestión de archivos y otro de proceso de datos que permitía separar el trabajo entre diversos servidores de gran tamaño que trabajaban de forma paralela. Esta arquitectura fue la base que utilizó Doug Cutting para crear Hadoop.

En 2009 los ingenieros de Google publicaron un artículo en la revista Science en la que explicaron cómo fueron capaces de predecir la propagación de la gripe invernal en Estados Unidos, no sólo a nivel nacional, sino incluso en regiones específicas.  Lo hicieron cruzando más de 50 millones términos de búsqueda con y los datos de propagación de la gripe entre 2003 y 2008.

Su enfoque fue rompedor. En vez de comprobar si los usuarios buscaban unos términos en concreto, procesaron un total de 450 millones de modelos matemáticos para lograr encontrar 45 términos de búsqueda que integrados en un único modelo presentaban una correlación fuerte con los datos de propagación de la enfermedad, permitiendo predecir en tiempo real el desarrollo de la gripe. Con ello habían encontrado la forma ideal de explotar grandes volúmenes de información.

La evolución del Big Data hacia la empresa tradicional

De ahí en adelante un puñado de empresas, principalmente gigantes de internet como Google, Facebook y otras, cuyo modelo de negocio estaba asociado a una explotación intensiva de la información, hicieron del Big Data una parte esencial de su negocio. La gran mayoría de empresas tradicionales permanecían ajenas a esta revolución, pero por poco tiempo.  Poco a poco algunos sectores como el financiero (Banca Online, Trading), la distribución (Amazon y demás), comenzaban a afrontar escenarios realmente complejos de gestión de la información.

Gracias a los sistemas tradicionales de BI (Data Warehouses, ETL´s, etc..), las empresas tradicionales han sido capaces de contar con una visión única de empresa integrando la información procedente de múltiples sistemas y aplicaciones de negocio, pero muchas se encuentran en un momento en el que esto empieza a no ser suficiente.

La apertura de los mercados y la intensificación de competencia obliga a una integración cada vez más estrecha de la cadena de suministros y la cadena de valor. El comercio online, no solamente entre empresas y cliente final sino también en los mercados b2b, ha acentuado estas necesidades de integración, al aportar unos volúmenes de información cada vez más mayores. Las necesidades de gestión de la información son mucho más complejas que las que teníamos años atrás, en los que una empresa con su ERP tradicional y unas pocas herramientas de ofimática para usuarios era capaz de satisfacer sus necesidades de forma razonable.

 

El inevitable encuentro entre empresas tradicionales y Big Data

El alza de los grandes proveedores de servicios de Internet ha sido a costa de la erosión e incluso desaparición de grandes sectores de la economía tradicional. Al igual que los fabricantes de carromatos sucumbieron ante el auge de los Daimler y Ford, las páginas amarillas y guías telefónicas, han sido barridas por eficacia de los servicios de búsqueda ofrecidos por Google. ¿Cuándo fue la última vez que consultó una guía telefónica?

Amazon, que comenzó con un portal de internet en el que se podían comprar los libros de escasa tirada y que difícilmente encontraríamos en las estanterías de una librería local, se ha convertido en una especie de bazar universal que está transformando el negocio de la venta detallista. Ha supuesto el fin de muchos comercios tradicionales, pero a su vez ha sabido transformarse en una plataforma que actúa como escaparate en el espacio digital para miles de pequeñas empresas y particulares que ofrecen sus productos a través de esta web.

La lista de ejemplos podría ser mucho más larga, pero al final todo se resumen en compañías que han sabido aprovechar el potencial que nos ofrecen tecnologías como el Big Data para crear y desarrollar modelos de negocios que generan más valor para los clientes.

En definitiva, nada nuevo bajo el sol, los peces grandes son los primeros que han comenzado a sacar partido a una nueva revolución tecnológica que por otro lado a convertido a algún pez chico en tiburón (Facebook, Amazon, Google), pero conforme la tecnología se ha ido asentando y los costes de acceso y explotación se han ido reduciendo, el Big Data se empieza a convertir en una necesidad para no convertirnos en pez muerto.

Los gigantes de internet acabarán por encoger

Cuando pensamos en Google, Facebook, Twitter y Amazon y hablamos de auténticos titanes que son líderes absolutos en sus respectivos mercados. En estos momentos es difícil concebir como alguna empresa podría llegar a disputarles su liderazgo. Pero si hacemos caso a lo que nos dice la historia ese momento llegará y tal vez esté cerca.

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Los comienzos de los monopolios: el tráfico de capitales

Durante casi mil años, la disposición de efectivo en Europa estuvo ligada a su transporte. Si un comerciante quería adquirir bienes en cualquier lugar necesitaba llevar el dinero consigo. No fue hasta comienzos del siglo XI cuando gracias a la Orden del Temple fue posible viajar desde Europa hasta Jerusalén sin la necesidad de llevar todo el dinero encima. Los peregrinos retiraban fracciones del montante en las distintas encomiendas  y fortalezas que había distribuidas a lo largo del camino. Un complejo sistema de contabilidad y documentación permitía que una orden de pago emitida en Zaragoza fuera ejecutada en San Juan de Acre y posteriormente compensada en la contabilidad interna de la orden.

Cuando la Orden del Temple fue suprimida por el Papa, su preeminencia en el tráfico de capitales había decaída hasta el punto de ser desplazado por las principales casas italianas de banca. Hoy en día miles de entidades prestan servicios de este tipo.

El caso del tráfico de mercancías

Durante casi 250 años una parte muy sustancial del tráfico transoceánico de mercancías, fue monopolio exclusivo de la “Española”, que controlaba el tráfico de mercancías entre casi toda América y de gran parte de Asia con Europa. No fue hasta comienzos del siglo XVII cuando holandeses y británicos comenzaron a disputar el comercio transoceánico (sobre todo a Asia) a los españoles fundando sendas compañías en sus respectivos países. Hoy en día es incontable el número de navieras que se dedican a transportar bienes.

Un poco de perspectiva

Seguro que hace 900 años parecía mucho más inconcebible la caída del Temple que lo que hoy nos pueda parecer la caída de Google. Es muy improbable que Google o Facebook desparezcan  o que se vuelvan totalmente irrelevantes como pasó con Myspace o SecondLife. Doy casi por descontado que con el tiempo perderán mucha relevancia en sus propios mercados, o que tal vez esos mercados se conviertan en irrelevantes por la irrupción de productos sustitutivos.

La gloria que precede a la caída

En cualquier caso, en la hegemonía se encuentra el germen de la caída. Tal y como pasó con templarios, banqueros italianos, españoles y británicos, cuando alguien tiene una posición muy privilegiada comienza a ser mirado suspicacia.

Si en los últimos años se había creado un caldo de cultivo plagado recelos hacía Facebook y en menor medida hacia Google, los últimos escándalos de espionaje por parte de la NSA han encendido una mecha que nos sabemos a dónde conduce.

Google está bien protegido por las barreras tecnológicas aunque su afán por querer abarcarlo todo está creando muchas oportunidades que los jugadores de nicho que pueden ser capaces de  sacar partido a algunas de sus inconsistencias. Al fin y al cabo, esto fue lo que hizo Facebook.

En cambio Twitter y Facebook no se asientan sobre ninguna barrera tecnológica sino sobre su popularidad. La gente está ahí porque todo el mundo está ahí, aunque para muchos como yo, esto ha dejado de ser una ventaja.

Si queremos hacernos un favor a nosotros mismos, tal vez deberíamos de dejar de prestar atención a lo que dice tal o lo que dice Facebook o a los  nuevos cambios que ha hecho Twitter. Tal vez debamos abrir los ojos y ver qué es lo que se está moviendo alrededor. Hay muchos cisnes negros escondidos en el estanque esperando asomar la cabeza.

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La capacidad de síntesis e interpretación en la era Google

Los motores de búsqueda y su impacto en la sociedad

Los motores de búsqueda, esa maravilla que convirtió internet en algo accesible

El desarrollo de los motores de búsqueda ha jugado un papel clave en la difusión de internet como herramienta de acceso a la información, hasta el punto de haber modificado totalmente nuestros habitos en cuanto a consumo de información se refiere.

Antes de la aparición de los motores de búsqueda, encontrar información en Internet era una tarea bastante costosa, muchas veces desesperante.

Básicamente había dos formas. La primera era escribir la dirección que habíamos visto en un anuncio, o nos habían enviado por email en la barra de direcciones. Era el internet del boca a boca, la repetición hasta la saciedad del nombre del dominio en los anuncios que funcionó tan bien durante algunos años. La segunda era acudir a los predecesores de los motores de búsqueda, los directorios de Internet como Altavista y otros. Los resultados ofrecidos porno solían ser muy buenos, tanto por lo escaso de su alcance y por la falta de relevancia, al menos en comparación con Google. Parece que hayan pasado siglos de esto, pero hace menos de veinte años.

El resto de la historia es conocida, dos estudiantes de Standford tuvieron la idea de combinar el rastreo y conteo de enlaces. La idea era sencilla: rastreas todos los enlaces disponibles para encontrar más enlaces y tener así un registro de gran parte de las páginas contenidas en Internet. Partían de una premisa, las páginas más enlazadas debían de ser las mejores, teniendo en cuenta el texto incluido en el enlace se podía establecer un ranking de las páginas más relevantes para esos términos de búsqueda. La verdad es que desde el primer momento la calidad de los resultados ofrecidos fue siempre muy buena (al menos comparado con sus predecesores). Desde entonces todo ha cambiado tanto que a veces nos resulta difícil saber, que es lo que hacíamos antes de que existiera Google.

En pocos años aparecer en las primeras posiciones del famoso buscador se convirtió en sinónimo de éxito. Asistimos al nacimiento de una nueva disciplina el SEO (Search Engine Optimization) cuyo objetivo último era lograr que nuestra web apareciera en los primeros puestos de los resultados del buscador. Ha sido tal el impacto de esta tecnología que hasta ha ocasionado cambios en la forma de funcionar de nuestra mente.

El impacto de Internet en nuestra mente y  forma de ver el mundo

Los estudios científicos realizados parecen indicar que aunque el uso de Internet afecta de manera negativa a nuestra memoria episódica y de manera positiva a nuestra capacidad de procesar datos. La explicación es sencilla, al tener acceso instantáneo a un repositorio tan completo de datos, existe gran cantidad de información que no es necesaria memorizar, por otro lado al tener acceso una mayor cantidad de fuentes de dato, nuestra capacidad de pensar y concebir no se ve limitada por la falta de fuentes de información. Al contrario, en ocasiones, es difícil no sentirse abrumado ante tanto material.

Pero existe una cuestión de un profundo calado, a la que no se ha prestado suficiente atención y es el impacto que suponen los buscadores de internet y su capacidad para ofrecer resultados en nuestra manera de ver el mundo. Por su naturaleza numérica y modo de funcionamiento, los motores de búsqueda tienden a ofrecer resultados más fiables cuando estamos buscando información sobre cuestiones, concretas y específicas. En los formularios de inserción las preguntas de carácter cualitativo y profundo no tienen cabida. Google aunque ensancha nuestro universo mental, también tiende a estrecharlo en cierta manera y tendemos a considerar que todo lo que se encuentra fácilmente internet no existe o no merece la pena.

El estadounidense Nicholas Carr, afirmaba en su obra que Internet está debilitando algunas funciones de la mente. Especialmente aquellas más elevadas como el pensamiento profundo la capacidad de abstracción y la memoria. Todo comenzó con su artículo publicado en 2008 bajo el título de: ¿Está Google haciéndonos estúpidos? En el constataba como su propia capacidad de concentración había disminuido enormemente y le costaba conservar la concentración más allá de dos o tres páginas.

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La tecnología nos hace lelos

En cierta manera la tecnología esta binarizando nuestro pensamiento. Tendemos cada vez a manejar cada vez frases más pequeñas e ideas menos complejos. La longitud de las frases utilizadas en la prensa escrita ha disminuido enormemente en los últimos cien años.  En el interesante libro Enfermos de Información de Todd Glittin se cita un estudio en el que se confirma como durante todo el pasado siglo la tendencia a utilizar frases cada vez más cortas y sencillas ha sido constante.  Incluso en algunos best-sellers actuales como El Cisne Negro, donde se exponen ideas brillantes, uno tiene la sensación de estar navegando por ese estilo caótico de internet, donde se salta con demasiada facilidad de un tema y los capítulos parecen tener una estructura muy pobre.  Muchos apuntan a que esta tendencia comenzó con los precursores de la máquina de escribir como la que utilizó Nietzsche para escribir sus obras.Sin duda la modernidad no está volviendo cada vez más estúpidos

Los clásicos como  Herodoto, Platón o Tito Livio utilizaban por lo general frases muchos largos la mayoría de los autores modernos. El autor más complejo de cuantos he leído es Adam Smith. Muchas veces tenía que releer frases de varias líneas para poder comprender su sentido. Aunque en algunas ocasiones el autor podría haber dicho lo mismo utilizando menos caracteres. Pero en cualquier caso no duda de que las ideas y razonamientos eran de un elevado nivel de complejidad y abstracción,  algo que cuesta encontrar hoy en día.

En el siglo XXI vamos mucho al dato concreto, al hecho. Nuestro consumo de información suele ser una sucesión de hechos, teorias y fechas,  conectados con la vorágine del día a día. Sin un hilo conductor que interprete cual es la conexión entre estos. Resulta cada vez más difícil encontrar a gente con capacidad de interpretar las cosas. Y es que esa habilidad no encaja con la vorágine del mundo actual, de la noticia del momento y la sensación de lo instantáneo. La realidad que nace por la mañana y caduca por la noche. Aunque el periodismo haya dado paso a la historia, yo cada vez estoy más de acuerdo con una definición de noticia que hoy hace tiempo, cualquier noticia es una ignorancia de la historia.

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