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La empresa ligera: lo que se esconde tras la nube (II)

¿Qué hay detrás de la nube?

Al igual que detrás de cada nuevo paradigma tecnológico, lo que se esconde es una intensa y cruel guerra comercial, donde cada bando intenta conquistar la mente de los consumidores para más tarde poner la bandera en su bolsillo. En esta contienda se distinguen cuatro bandos, que van intercambiando alianzas y cambiando posiciones: los fabricantes de procesadores, los fabricantes de software, los de equipos y los proveedores de servicios de internet. El objetivo de todos es cómo siempre ocupar la mayor superficie posible del mercado.

Por un lado los fabricantes de procesadores son los menos beneficiados con esta nueva tendencia de la nube. Básicamente porque su difusión, acarrea un uso más eficiente de potencia computacional, lo que en cristiano significa: hacer lo mismo que menos procesadores, es decir menos pasta para ellos. Mientras que los proveedores  de servicios de internet hacen trabajar sus equipos a todo trapo, los propietarios de equipos portátiles  o de escritorio, tanto a nivel profesional cómo personal  hacen un uso menos intensivo de la capacidad de sus equipos y esto es un gran negocio para los fabricantes  de procesadores.

Por otro lado tenemos a los proveedores de servicios de internet, cuyo objetivo es que utilizamos la web hasta para mirar la hora, así poder ponernos un anuncio al lado o que en vez de llamar a nuestro cónyuge a viva voz desde una habitación a la otra, le pongamos un mensaje privado a través del Facebook. Por otro lado, algunos proveedores de servicios cómo Google han hecho sus pinitos con el software tradicional, de hecho Chrome OS no deja de ser una alternativa a Windows.

Los fabricantes de software tienen una posición oscilante, aunque por un lado la mayor fuente de ingresos de empresas cómo Adobe o Microsoft es la fabricación de software para equipos, estos a su vez, también están intentando a la vez convertirse en proveedores de servicios a través de internet (de hecho Microsoft lo era antes que Google). Están por decirlo de algún modo nadando entre dos aguas, no quieren que una moda tecnológica arruine su principal fuente de ingresos pero por otro lado tampoco quieren renunciar al dinero que puede venir de la nueva ola

Así que cuando su oiga voces en contra o favor de la nube, tal vez estas líneas puedan ayudarle a tener un juicio más fundamentado sobre la veracidad de esas afirmaciones, calibrando quien dice hace esas afirmaciones y qué interés tiene en todo esto.

Pero entonces: ¿debería utilizar el software en la nube en mi empresa?

Esta es una pregunta  demasiado compleja para poder ser respondida con un sí o un no. Lo primero que debemos tener en cuenta es que también existen nubes privadas. Es decir, en vez alojar sus aplicaciones y datos en servidores de terceros, usted puede comprar sus propios servidores y montar su propia nube. Dado el carácter crítico de la información de la información que almacenan muchas empresas, esta  opción parece mucho más asumible.

Lo que es seguro, es que a día de hoy, la empresa 100% en la nube es una quimera al menos para un gran número de empresas. Si sus trabajadores tienen que hacer uso de aplicaciones pesadas como Autocad, Photoshop u otras, el alojarlas en la nube, no tiene ningún sentido. En muchos casos no es técnicamente posible y en la mayoría de ellos es totalmente desaconsejable.

Otra cuestión muy distinta es el caso de las grandes aplicaciones empresariales, que son utilizadas por muchos usuarios que trabajan con datos compartidos, especialmente cuando se exige una cierta integridad y uniformidad a la información que se comparte. Existen desde finales de los 90, aplicaciones ERP , como JD Edwards EnterpriseOne que son 100% web. Preparadas para ser alojadas en nubes públicas o privadas permiten a las empresas sacar el máximo partido de este tipo de arquitectura, facilitando la movilidad de los usuarios y la integración con otro tipo de sistemas. En el campo del CRM, son muchas las aplicaciones que como SalesForce o CRM On-Demand han funcionado durante décadas con excelentes resultados. En el campo de la gestión documental también encontramos excelentes aplicaciones web que nos permiten sacar el máximo de este tipo de arqutiectura.

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Por lo tanto antes de de decidir si su empresas debe montarse en la nube, tiene que plantearse muchas preguntas, acerca de lo que realmente necesita su empresa. Hace dos años se pronostico que en 2012 el X % de las empresas trabajarían solamente con aplicaciones en la nube y que la vieja informática había muerto. A día de hoy una parte importantísima de las empresas trabaja con Windows XP, uso el Office 2003 y tienen Internet Explorer cómo navegador  principal.

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La empresa ligera: la nube, perro viejo con nuevo collar (I)

La empresa ligera: el futuro de la nube

Si hoy en día hay un tema candente en el mundo de las tecnologías de información, ese es el de la nube o cloud computing. La nube, es un perro viejo con un nuevo collar. Se basa utilización de servicios de computación a través de internet para almacenar y procesar información.  Cosas tan poco novedosas  como Hotmail o la aplicación de correo de Terra no dejan de ser perfectos ejemplos de “cloud computing”. Los avances en estándares cómo Javascript, HTML5 o incluso del denostado Flash, han permitido dotar a las aplicaciones  web de un aspecto y usabilidad muy mejorada, equiparándolas en muchos casos a las aplicaciones de escritorio.

¿Para qué sirve y para que no sirve la computación en la nube?

Como decíamos antes la computación en la nube sirve para dos cosas básicamente para dos cosas: almacenar información y utilizar programas informáticos.

Hay que tener en cuenta que esta no siempre es la opción más interesante, dependiendo de nuestras necesidades de seguridad, disponibilidad y rapidez de acceso a la información.  Por eso muchas empresa se resisten a tener almacenada toda su información en el servidor de un tercero. Aunque sobre el  papel no hay ningún problema, la realidad siempre es una fuente de sorpresas. Por contra tenemos la cuestión de la velocidad, por muy ancha que sea nuestra conexión de banda, el acceso no será tan rápido cómo a los archivos almacenados en nuestro equipo, dado que estamos expuestos a la saturación de servidores del proveedor en cuestión, problemas en la línea o incluso las limitaciones de nuestro propio equipo o router wifi.

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A la hora de utilizar programas en la nube, la cosa no es tan sencilla. Hay aplicaciones más pesadas como Phothoshop, Autocad u otros programas de diseño en 3d que exigen de una alta capacidad de procesador y una importante utilización de disco duro. Alojar este tipo de aplicaciones en la nube, disminuiría mucho su rendimiento, en el caso claro está de que sea posible hacerlo. Si nuestra empresa tiene un almacén automático, no parece tener mucho sentido alojar el software que lo controla en un servidor de Amazon.

Por otro lado aplicaciones gigantescas como GoogleMaps o Facebooks que no pueden ser almacenadas en ningún equipo.  Y aunque pudiera hacer, tampoco tendría mucho sentido, ya que son usadas por millones de usuarios y cada uno de esos usuarios utiliza una parte ínfima del potencial de la aplicación.  Además exigen de constantes revisiones, modificaciones de código, aumento de la base de datos, que no tendría ningún sentido hacer en todos los equipos de cada usuario, mejor que se ejecuten una sola vez en el servidor central.  En casos como este el modelo cliente/servidor con conexiones a través de internet  es claramente la opción más adecuada. No hay más que echar un vistazo a Twitter, Facebook, Google y otras para convencerse de que a día hoy esta es la mejor manera de hacer las cosas. Pero… ¿hasta dónde puede llegar la nube…?

La nube hace aguas: Google Chrome OS

En 2009, a los pocos meses de haber lanzado su exitoso navegador Chrome, Google anunció el lanzamiento de un nuevo sistema operativo orientado a la nube. La criatura fue bautizada como  Chrome OS y pretendía ser un nuevo paradigma tecnológico: equipos sin prácticamente disco duro y procesadores mucho más livianos,  dado que actuarían como meros terminales de conexión a la nube. Esto en teoría debía hacerlos mucho más baratos, con tiempos de arranque reducidos prácticamente cero (cosa que ya sucede a día de hoy con los ordenadores y tablets en modo reposo).

Si tuviéramos que juzgar la iniciativa por éxito cosechado hasta hoy, sólo cabe una valoración: fracaso.  A día de hoy el número de equipos  vendidos con Chrome OS ha sido infimo. Por si fuera poco el precio de los primeros equipos han tenido un coste cercano a los  500€, precio por el cual se puede obtener un portátil con características bastante decentes y muchas más prestaciones y posibilidades  que un Chromebook. Si algo ha quedado demostrado es que la nube no es tan blanca cómo la pintan. ¿o acaso no hemos escuchado ya bastantes cuentos cómo para desconfiar de los grandes milagros? ¿no habeis tenido nunca alguna decepción con nuevas tecnologías que luego no han resultado ser tan buenas cómo cuando las  anunciaron?

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Las guerras de Internet (I). Por el interés te quiero Andrés

Hace algunos días un polémico artículo en el confidencial, encendió la chispa de la polémica; “La Web agoniza mientras el propio Google remata al SEO”.  La necesidad de buscar titulares llamativos que inciten a la lectura, genera una cascada inagotable de conflictos. En el artículo el autor, ubicado en Silicon Valley, exponía el poco interés que despierta el SEO en el epicentro de las nuevas tecnologías y como la web (html css javascript navegador) parece estar perdiendo fuelle y algunos incluso la dan por muerta.  En España el melón lo abrió el presidente de Google  en el país, diciendo “Hay que darse prisa en conocer el fenómeno web porque acabará en no más de tres años. El siguiente fenómeno [móvil] ya está en marcha”.  Cuando uno oye hablar a alguien con un cargo tan importante en una empresa como google sobre el futuro de la web es lógico otorgar algo  de crédito a sus valoraciones, muchos incluso las convertirán en un auto de fe.

El problema es que si echamos la vista atrás y recopilamos las declaraciones aportadas  por dirigentes de grandes empresas, veremos cuan frecuentemente confunden la realidad con sus propios deseos. No es nada nuevo, en 1943 , el presidente de IBM estimó un mercado potencial de unos 5 o 6 a nivel mundial. Mucho más acertados estuvieron en la revista Popular Mechanics, cuando en 1949 pronosticaron que los ordenadores del futuro podrían llegar a pesar menos de 1,5 toneladas. En 1977 el presidente de una empresa de informática afirmó que ““No hay ninguna razón por la que alguien quiera tener un ordenador en casa”“, algo más de una década más tarde el presidente de Microsoft afirmó que jamas haría un sistema de 32 bits y ya van por 64.

Todas las empresas, y las tecnológicas aun  más, tienen que hacer predicciones sobre el futuro, que les servirán  para conformar su plan de negocio. Cuando un directivo hace alguna declaración, no está transmitiendo las presunciones que han sido incorporadas a la estrategia de una empresa. Además una potente herramienta para hacer predicciones acertadas, es difundirlas e intentar convencer a la gente de que “ese es el futuro”.

¿Tienen los “magos” de Silicon Valley una bola mágica con la que ver el futuro? Digamos que tienen algunos elementos que les dan un visión privilegiada.  Pertenecen a empresas que se dedican a desarrollar las tecnologías, saben los que se cuece en los laboratorios. Como siempre en su propia fortaleza está el germen de su debilidad. El bosque muchas veces impide ver los arboles, desde la distancia intentaremos describir como ha ido evolucionando está selva que es Internet y los productos y Servicios que la pueblan.

En el siguiente artículo examinaremos el primer epidosdio de esta cruenta guerra: El ataque de los navegadores.