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Wearables: bienvenidos a la era post-pc

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A día de hoy utilizamos dispositivos electrónicos para casi todas las tareas que desarrollamos diariamente: el ordenador para trabajar, el móvil para comunicarnos, robots de cocina, aspiradoras autónomas, sistemas de navegación en los coches, videoconsolas para nuestro tiempo de ocio, etc.

La informática ha cambiado completamente nuestra manera de trabajar, empezando por los ordenadores, que ayudaron a ahorrar ingentes cantidades de papel en informes impresos y tiempo de trabajo invertido en el análisis de datos, y siguiendo por los dispositivos móviles, que nos permitieron trasladar dichos ordenadores a cualquier lugar.

El último horizonte tecnológico alcanzado ha sido la era “post-pc”, donde los ordenadores tal y como los conocemos han sido reemplazados en muchos puestos de trabajo por los dispositivos móviles, como los smartphones y las tablets, y recientemente, por los wearables o dispositivos portátiles.

Estos últimos están experimentando un alto crecimiento en cuanto a su uso en el entorno empresarial debido a su manejo intuitivo y, en muchas ocasiones, sin necesidad de usar las manos. Esta característica les otorga una ventaja sustancial respecto a los que están sustituyendo, dado que los dispositivos móviles necesitan una interacción manual para poder ser utilizados.

Los dispositivos portátiles asimismo recopilan datos de diversas fuentes que son, bien almacenados local o remotamente, o bien enviados a otros dispositivos para analizarlos para conseguir información relevante tanto de los procesos que ha realizado el trabajador, información sobre el propio trabajador e información sobre aspectos relevantes a la empresa.

Estos dispositivos son los encargados de recoger los datos, pero no son los encargados de procesar la información que éstos les brindan, necesitan algo más. Éstos necesitan comunicarse con los sistemas informáticos empresariales, como JD Edwards, mediante aplicaciones diseñadas específicamente para ellos.

Estas aplicaciones deben ser intuitivas y sencillas de manejar, a fin de cumplir el objetivo original de los dispositivos: facilitar de la manera más cómoda posible el trabajo al usuario, utilizándolos mediante interacciones manuales rápidas y sencillas o mediante comandos de voz.

Además el interfaz de usuario debe ser acorde al dispositivo empleado, así como su display, de manera que la información solicitada se pueda ver rápidamente y el operario pueda obtener la ayuda que necesite y seguir con su trabajo aumentando así su productividad y, por ende, la eficiencia de la propia empresa.

Los más empleados a día de hoy son los relojes (smartwatches), pulseras y gafas inteligentes (smartglasses). Éstos se emplean tanto en el mundo empresarial como de manera privada por los consumidores, dado que son dispositivos asequibles para este consumidor privado. No obstante, existen otros como anillos, prendas y brazaletes inteligentes que ya pueden adquirirse pero que se encuentran en las primeras fases de desarrollo y todavía no han alcanzado todo su potencial.

Los dispositivos mencionados tienen multitud de aplicaciones en las empresas dado que aumentan la productividad del trabajador al mismo tiempo que aumentan la de la empresa. Además, ésta última, consigue información en tiempo real sobre sus procesos y sus trabajadores, que puede utilizar en beneficio propio mejorando la eficiencia en sus procesos y la calidad del trabajo de sus empleados.

A día de hoy, los sectores que más utilizan esta tecnología son los sectores de logística, fabricación/manufactura y la venta al por menor. Estos dispositivos son muy utilizados en las tareas de almacén (picking, organización, inventario, etc.), donde los trabajadores, empleando en este ejemplo las gafas inteligentes, pueden conocer qué artículos y qué cantidad de los mismos son necesarios, dónde están localizados e ir escaneando dichos artículos y sus embalajes a medida que los van recogiendo y empaquetando, completando las tareas encomendadas y sin perder tiempo en utilizar una pistola de escaneo de códigos de barras y una lista, en pda/tablet o papel, de artículos y tareas por completar/recoger.

Estos dispositivos también son interesantes para la formación de los empleados, dado que gracias a la realidad aumentada, los equipos de trabajo del sector de la manufactura por ejemplo, pueden ver rápidamente las piezas o elementos que van a fabricar en el siguiente lote y ser formados mediante esta tecnología de manera mucho más rápida. Asimismo, de manera previa a la formación, el equipo de diseño puede utilizar la combinación de gafas y brazalete inteligentes para diseñar en 3D las nuevas piezas o elementos que posteriormente se fabricarán de una manera más dinámica y visual que en un dibujo en dos dimensiones.

A modo de conclusión, destacaría que la mayoría de estos dispositivos se encuentran en fases muy tempranas de desarrollo y que además algunos conservan una dependencia directa con los dispositivos móviles (smartwatches y smartphones en este caso) que les restan independencia, así que todavía tardarán algún tiempo en alcanzar todo su potencial, tanto en el uso privado como en el uso empresarial, llegando incluso a sustituir a los móviles y tablets en más de una ocasión.

Por ello, estar informado de estos avances tecnológicos podrá marcar la diferencia en un futuro no muy lejano entre su empresa y su competencia en el grado que esté también preparado para adoptar estas innovaciones, mediante la elección de un ERP integrable con esta tecnología, por ejemplo.

¿Qué es la transformación digital?

trasnsformacion_digitalLa transformación digital es el nuevo término de moda en el ámbito empresarial. Todo el mundo habla de ella, aunque pocos parecen tener una idea clara de lo que significa, más allá de subir fotos a  Facebook o jugar a algún juego en nuestro smartphone. Parece un contrasentido que en 2016 estemos hablando de la transformación digital, ¿acaso todavía alguien utiliza dispositivos analógicos?¿Cuántos faxes ha puesto usted en los últimos años?  Desde finales de los años 70 el uso de dispositivos digitales ha ido en aumento y su aplicación ha sido casi universal, desde relojes de pulsera hasta ordenadores, pasando por coches, electrodomésticos, ascensores y un largo etc..

Tal vez esta sea la razón principal de la confusión entorno a un fenómeno que por otra parte es absolutamente real,  el término que ha sido escogido para definirlo es confuso. En España existe la costumbre de traducir literalmente casi todos los términos acuñados en Silicon Valley, lo que lleva a no pocas confusiones. Muchas de esta pseudotraducciones no solamente suenan extrañas, además suelen estar gramaticalmente mal construidas y casi siempre se corresponden  con palabras y  expresiones ya existentes en el idioma castellano. Generalmente se opta por emplear el término anglosajón, con lo que no solamente se evita el tedioso esfuerzo de tener que pensar, sino que además se dota de un cierto de aire de misticismo a la “cosa”, que según la creencia popular ayuda a venderla.

En el caso de la transformación digital el término ya venía viciado de fuera. La transformación digital no es más que  el paraguas bajo el que se ha agrupado una serie de aplicaciones tecnológicas basadas en el desarrollo de las redes y protocolos de comunicación además del refinamiento del software y su aplicación en nuevos campos como la comunicación social o el intercambio de información entre dispositivos. Muchas de estas tecnologías y aplicaciones existen desde hace décadas, pero debido a razones de coste y a la falta de  madurez y refinamiento en su uso, eran de difícil aplicación a nivel general en el mundo de la empresa.

La miniaturización y bajo precio de los procesadores, la universalización de las redes de comunicación  y sobre todo la experiencia adquirida durante décadas de desarrollo de soluciones electrónica y de software,  ha permitido que las tecnologías digitales generen nuevos modelos de negocio y paradigmas organizativos que están desplazando todo lo que hemos conocido durante el siglo XX y parte del XIX. Si bien la transición del carbón a la electricidad supuso un gran salto conocido como segunda revolución industrial, estamos convencidos de que el paso del papel al bit supondrá un cambio todavía mayor.

Aparte de este sustrato tecnológico común, las tecnologías y procedimientos englobados en la transformación digital en principio no guardan ninguna relación entre sí, salvo una concurrencia en el tiempo y en el espacio. Son la consecuencia de la aplicación de una misma tecnología en distintos ámbitos, pero al igual que muchos sectores que pueden utilizar una misma tecnología como el motor de explosión o el bombeo hidraúlico, su naturaleza intrínseca es absolutamente distinta. Este es sin duda el factor clave de la transformación digital.

Al ser la información un elemento tan único y diferente para cada sector y cada empresa, no existe una única transformación digital, cada sector y más concretamente cada empresa tiene que definir la suya propia. Este es un proceso complejo en el que la empresa tiene  que tener claramente identificado cual es el valor que aporta a sus clientes, como lo está haciendo y de qué formas puede mejorar ese aporte mediante la aplicación de las nuevas tecnologías a sus procesos.

Esa es sin duda la gran clave para afrontar la transformación digital, no se trata sólo de comprar software, smartphones o de interconectar los dispositivos de la empresa con las aplicaciones de negocio. Se trata más bien de alcanzar una comprensión profunda de nuestro modelo de negocio para poder redefinirlo y adaptarlo a los nuevas tiempos que traen la innovación tecnológica.