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¿Acaso importa la coyuntura económica?

La coyuntura económica, ese impreciso y abstracto concepto que sintetiza el  estado concreto de la actividad pecuniaria en todo el planeto, está de moda.  Se ha convertido en una nueva fuerza invisible que al igual que la ira de Zeus o la gravedad, ejerce una ineludible influencia en nuestras vidas, convirtiéndonos en meras gotas de agua arrastradas por la corriente.

Hace cinco años, cuando la economía estaba mucho más enferma, nadie sabía que era la prima de riesgo. Hoy es tema de conversación hasta en panaderías y mercados. Dedicamos mucha energía mental a pensar sobre la situación económica general. Algo que puede estar bien como pasatiempo pero que carece de cualquier utilidad práctica.

La pensar sobre la economía en tiempos de crisis es una fuente inagotable de  frustración, decepción e impotencia y lo que es más importante, una pérdida  de capacidad para regir nuestro propio destino. Esa sensación de que una parte  importante de nuestro bienestar depende de cuestiones que quedan totalmente fuera de nuestro alcance no hace renunciar a ser dueños de una parte de nuestro propio destino.

Es cierto que nuestra vida se haya influida por innumerables factores que no controlamos, pero  no es menos cierto que todos contamos con un cerebro y una voluntad que nos permite evitarlos, adaptarnos e incluso aprovecharlos en nuestro propio beneficio. Tanto si son reales como imaginados.

Algunas verdades sobre la coyuntura y la economía

La economía no es una ciencia, es simplemente una disciplina académica convertida en herramienta de relaciones públicas. Hoy en día se ha convertido en una sofisticada herramienta de generación de opinión encaminada a persuadir al público de la conveniencia de determinadas políticas con un importante sesgo ideológico.

La economía ha sido presentada como una ciencia que obtiene una solución única a un determinado problema. Y esto simplemente es mentira, en los problemas económicos se componen de consideraciones de orden moral, cultural, sentimental y personal principalmente. Esto hace imposible  la aplicación de las matemáticas o  de la mera  lógica formal para su resolución.  Para encajar instinto con aritmética, la “ciencia económica” ha reducido el amplio espectro de la conducta humana a unos pocos supuestos, apenas capaces de representar a una parte amplia del conjunto. Por eso un mono lanzando dardos tiene mayor capacidad predictiva a la hora de seleccionar valores en bolsa que algunos de los mejores fondos de inversión.

Por otro lado la coyuntura económica  se compone del conjunto de circunstancias contingentes y cambiantes  que determinan la situación  actual. Dicho conjunto es casi por definición imposible de registrar y mucho menos de cuantificar, condición indispensable para poder diseñar un modelo matemático que lo refleje. Aun el caso de que esto fuera capaz, dado que el resultado que pretendemos obtener de dicho modelo, es un concepto totalmente subjetivo, la ponderación de las variables que componen dicho modelo sería un proceso totalmente arbitrario e influido para las percepciones de los individuos que lo realicen. Vamos que la coyuntura económica al igual que el sentir popular y otros tantos conceptos ideados para influir en nosotros son meras formas de mamporrerismo mental.
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Durante todos esto años de crisis ha habido empresas e individuos que han  mejorado su situación, la pregunta que deberíamos hacernos por tanto es: si ellos lo han conseguido ¿Por qué no puede yo?

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El ERP y el cálculo de beneficios: en búsqueda de la rentabilidad (II)

Tal y como explicábamos en nuestro anterior artículo, para poder abordar en profundidad el tema del cálculo de beneficios tendremos primero que tomar una serie de decisiones:

¿A qué nivel de detalle queremos llegar? ¿Nos interesa simplemente conocer el beneficio que obtenemos con cada producto o queremos saber cuánto ganamos con cada producto y con cada cliente, cada semana?

El conocimiento es poder, por lo que nosotros recomendamos llegar cuanto más lejos mejor. Muchas veces asumimos que hay que vender los productos al mismo precio a todos los clientes, cuando la rentabilidad que obtenemos con ellos es menor o incluso negativa.  Si queremos llegar a ser realmente competitivos tendremos que saber perfectamente por donde entra y sale cada céntimo.

¿Cómo asignamos nuestra estructura de costes indirectos? Este es un ejercicio que requiere de un profundo conocimiento  y comprensión del modelo de negocio de la empresa, además de dedicar un buen número de horas la incómoda tarea de pensar.

Pero si no estamos dispuestos a realizar a fondo este paso más nos vale que no avancemos más en el proceso. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de acabar alimentando un sistema que nos es útil, ya que al basarse en unos supuestos pocos realistas acaba suministrándonos datos inconsistentes que nos llevan a tomar decisiones erróneas.

– ¿Cómo recogemos e integramos toda esa información? Si nuestra empresa  cuenta con un ERP completamente integrado que recoja nuestros procesos, casi toda la información debería de estar contenida en la base de datos, pero este caso no suele ser el más común.

Muchas empresas cuentan con otros sistemas como  CRM, PM, PLM, CMS que muchas veces pueden contener información sustancial, que es necesario incorporar. Otras veces la información puede provenir de fuentes de terceros o incluso no estar recogida en ningún tipo de soporte informático. Es necesario que desarrollemos un sistema de recogida e integración de toda esa información capaz de reflejar la estructura de costes que hemos inferido.

¿Qué criterios de clasificación utilizamos para separar el grano de la paja? No podemos estar analizando cada una de las cifras obtenidas con todo detalle. Tenemos que establecer unos umbrales de rentabilidad tanto negativa como positiva a partir de los cuales debamos de prestar atención. Es conveniente establecer también estos umbrales a distintos niveles de agregación (cliente/producto, territorio/producto, etc..)

 

De la contabilidad B hasta la contabilidad XYZ

Algunos de los sistemas ERP más avanzados nos ofrecen la posibilidad de configurar una infinidad de libros contables esto especialmente útil en el caso de querer realizar una contabilidad avanzada de costes que nos permita focalizarnos en nuestras operaciones más rentables.

No todas las suites del mercado disponen de la funcionalidad suficiente como para realizar este procedimiento con todo tipo detalles. Las de más prestigio del mercado en cambio sí que son capaces.

En el caso de JD Edwards EntepriseOne por citar un ejemplo, nos ofrece hasta 30 códigos de categoría adicionales para clasificación adicional de las distintas unidades de negocio dentro de la empresa ya sea por criterios geográficos, organizacionales o de productos.

Disponemos además de 23 códigos de categoría adicionales para clasificar la naturaleza de la operación registrada con los que podemos almacenar información relativa a cuentas y subcuentas contables. Toda este información también puede ser asociada a una persona o entidad concreta, como por ejemplo un empleado, un proveedor o un cliente. Todo esto es más que suficiente para poder dar soporte al sistema más exigente y significativo que podamos concebir.

Tratamiento y selección masiva de datos

Con nuestro ERP podemos ser capaces de extraer toda la información procesada que nos arroje los resultados definitivos. Pero dado al uso intensivo del sistema corremos el riesgo de sobrecargar el sistema, especialmente la base de datos.

Para este tipo de tareas es mucho más conveniente disponer de una sistema de inteligencia de negocios que se encargue de realizar todas las labores de extracción y proceso durante periodos de inactividad, como por la noche. Con ello garantizaremos la operatividad de nuestro sistema.

Además este tipo de herramientas nos ofrecen formatos de presentación impecables que facilitan enormemente el estudio detallado de la información. Otros son capaces mediante sistemas de alertas de estudiar los resultados y solo informarnos de aquellos casos excepcionales que se encuentren fuere de los márgenes de seguridad que hayamos preconfigurado.

Esperamos que os hayan sido de utilidad estos dos artículos.

Anterior artículo de la serie:

El ERP y el cálculo de beneficios (I)

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El ERP como medio para obtener el conocimiento

 

El conocimiento que ha de ir siempre asociado a la comprensión y la consciencia. Muchos sabemos, por ejemplo, que los reactores nucleares son capaces de producir energía mediante la fisión nuclear. Pero desconocemos de que manera lo realizan exactamente  ni somos conscientes de todas  las implicaciones que lleva acarreado. La búsqueda del conocimiento persigue transcender la mera percepción de las cosas y los hechos, hasta ser capaz de comprenderlos en profundidad.

En las sociedades civilizadas el conocimiento se ha convertido en el arma más valiosa en pos de la supervivencia y la prosperidad.  En el mundo de la empresa, son innumerables las empresas o agentes como Nike, Coca-Cola o los brokers que carecen de capacidad productiva o logística propia y cuyo principal o casi único activo es su conocimiento y capacidad para explotarlo.

Si queremos triunfar en los competitivos mercados del siglo XXI , debemos de ser capaces de hacer de hacer del conocimiento una de las principales armas de nuestro arsenal.

Conócete a ti mismo

Esta frase estaba esculpida a la entrada del oráculo de Delfos. Este era uno de los centros religiososo más importantes de la épooca y sin duda el oráculo más prestigio del mundo helénico. Allí acudían  reyes y caudillos de la época  a consultar antes de tomar una decisión  importante. De lo que dijera el oráculo dependían las guerras y alianzas entre las polis, pocos se atrevían a contradecir las visiones del oráculo. Dos mil quinientos años más tarde hemos reemplazado a las sacerdotisas y druidas por gurús y asesores. La naturaleza humana es inmutable,  tal vez por eso, en una y otra época acudimos a extraños para que decidan por nosotros, evitando así el responsabilizarnos de nuestros actos.

En el mundo moderno el otrora apreciado conocimiento interno o autoconocimiento ha quedado relegado cuando no es abiertamente despreciado. Resulta además especialmente difícil encontrar el silencio y la quietud necesario para poder cultivarlo. Pero si queremos llegar lejos, necesitamos tener autoconfianza y para lograrla es necesario que nos conozcamos a nosotros mismos, nuestras posibilidades y capacidades.

Conoce a tu propia empresa

En el mundo de la empresa la información contenida en nuestro propio ERP puede ser la base perfecta mejorar el conocimiento de nuestra propia empresa. En él encontraremos información sobre empleados, movimientos, transacciones departamentos, procesos y mucho más.

Además, por su caracter crítico la información contenida en un ERP suele ser bastante precisa. Este es un requisito imprescindible para no caer en el falso conocimiento y somos rigurosos en nuestro ERP solamente encontraremos información fehaciente, que se corresponda con  acontecimientos reales.

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El ERP y el cálculo de beneficios: en búsqueda de la rentabilidad (I)

Un poco de historia

La invención de la escritura surgió de la necesidad de establecer un sistema contable. Hace como unos seis mil años, los templos y ciudades sumerios, habían alcanzado tal nivel de prosperidad que se hizo necesario la creación de un método para llevar la contabilidad de los bienes gestionados. En un principio se utilizaron sellos que al ser presionados sobre tablas de arcillas fresca, creaban marcas al estilo de las hendiduras sobre huesos utilizadas por pueblos más primitivos. La principal  novedad aportada por los sumerios fue que las marcas eran una representación pictográfica de los elementos a contabilizar, además de otras marcas que ayudaban a identificar personas y fechas.

Posteriormente comenzaron a utilizar sellos insertados en rodillos, lo que hizo más rápido el proceso, además de dotar a los documentos de un formato más organizado que facilitaba su lectura.  El llegar hasta nuestro actual sistema de numeración posicional de base diez, costó unos 3.000 años y sólo fue 13 siglos más tarde cuando ese sistema fue importado a Europa gracias a Fibonacci.

Solo un siglo más tarde, alrededor del 1340 en Génova surgió el sistema de contabilidad por partida doble, que no fue fundamentado de manera escrita hasta finales del siglo XV por Luca Paccioli. Desde entonces las aportaciones teóricas han sido más bien escasas, las pocas conocidas parecen haber sido bastante desaventuradas.  Algunos  afirman que una parte importante de la actual crisis se debe al cambio de normas contable. Concretamente de la valoración de los activos, pasando del principio de valoración conservadora al método de valoración a precios de mercado.

Sea como fuere, el objetivo de último de un sistema contable es el cálculo del  beneficio o la pérdida, una simple operación substractiva que puede convertirse en complejísima.

El concepto beneficio y su profundidad

Cuando hablamos de beneficio, todos pensamos en una cifra global a final de año, que nos arroja el resultado global de una empresa. Lo cierto es que cada operación, al igual que cada acción en la vida tiene un coste y  un beneficio y es aquí donde la cosa realmente se complica.

Surge la cuestión de los costes que no son directamente  imputables a ninguna operación en concreto.  Otras veces los costes que sí que son directamente imputables, son difíciles de cuantificar, como por ejemplo los costes comerciales. A veces es muy difícil saber cuánto tiempo ha invertido un comercial en cada operación o cliente.

Llegado a este punto la lógica formal deja de tener tanta importancia  y  lo sustancial viene a ser lo que tiene sentido para la forma de funcionar de cada empresa. Esto incluye la cuestión de hasta donde quieren llegar con esto del cálculo de beneficios. Porque cálculo de los beneficios y pérdidas es una actividad que consume tiempo y recursos.  Con la informatización de los sistemas de administración el coste de realización de cálculos ha caído enormemente, en unos pocos segundos podemos realizar miles de cálculos que hace cien o cuatrocientos años hubieran supuesto días enteros de trabajo.

Pero esto no quiere decir que el coste haya desaparecido, estos sistemas han de ser configurados y es necesario decirles que es lo que tienen calcular. Además toda la información obtenida tiene que ser revisada, clasificada, analizada, asimilada e interpretada. Por si fuera poco muchos de los sistemas ERP que encontramos en el mercado carecen de la flexibilidad necesaria para llegar a llevar una contabilidad del beneficio hasta el nivel más alto de detalle.

Si somos lo bastante afortunados de contar con ERP capaz de llegar  a ese nivel detalle tal vez nos demos cuenta de que para tratar de manera adecuada semejante nivel de información necesitaremos un sistema de inteligencia de negocios. Aunque eso, “es harina de otro post”.

Siguiente artículo de la serie:

El ERP y el cálculo de beneficios (II)

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La nube se esfuma…. ¿otras campaña de relaciones públicas que no ha cambiado el mundo?

Las nubes son masas visibles de gotas de aguas microscópicas suspendidas en el aire, que por naturalezas son inestables y efímeras. Teniendo en cuenta sus principales características, cada vez me cuesta más comprender al “figura” que tuvo la genial idea de utilizarlo como denominador sistema de almacenamiento virtual basado en servidores propiedad de un tercero, en vez de unidades de almacenamiento locales insertadas en los correspondientes equipos. Porque si, las nubes no evocan ligereza, pero también falta de solidez y perduración. No suena nada seguro eso de almacenar en una nube.

En una anterior serie de artículos (La Nube I y La Nube II) tratamos de mostrar los que se escondía detrás de esta nueva guerra conceptual y cuál era la razón última que impulsaba la masiva y  transversal operación  cuyo objetivo último es favorecer un cambio de paradigma en cuanto al almacenamiento de información se refiere para consumidores y empresas. Todo consiste en una brutal campaña de RR.PP,  en la que los proveedores de servicios de internet tipo Google o Amazon quieren expandir su poder y ámbito de actuación. Intereses por supuesto, totalmente legítimos.

El máximo exponente de todo este nuevo movimiento son sin duda los Chromebooks. Una nueva raza de portátiles sin prácticamente disco duro y con un sistema operativo cuya interfaz gráfica está basada en el navegador Google Chrome.  Aunque  no ha sido el fracaso más sonado de los de Mountain View, si que ha sido a mi juicio el más estrepitoso por encima incluso de Google Wave, ya que esta es sin duda la propuesta más original de Google hasta la hasta la aparición de las famosas gafas.

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Y es que no está nada mal eso de tener documentos en la nube, pero almacenar toda nuestra información ahí… no lo sé, tal vez me esté volviendo viejo, no lo acabo de ver. A pesar del aumento de la velocidad en las conexiones, las unidades de almacenamiento interno han aumentado su rapidez y capacidad también, gracias al progresivo abandono de los soportes ópticos y mécanicos por memorias tipo flash  . Cada vez se trabaja con archivos más pesados y la conexiones todavía no han alcanzado su punto óptimo (¿has probado a descargarte una película de HD en tu móvil?).

Por mucho que se empeñen, la seguridad siempre estará en tela de juicio. Me sigue pareciendo mucho más fácil hackear una cuenta de Google o Outlook que acceder a un equipo privado. Todo ello sin mencionar la “angustia” que genera  el no ser propietario del soporte físico que contiene todos nuestros archivos.

Las empresas no compran ni nubes ni humo

Si en algún sitio no ha calado el mensaje de la nube, ese ha sido en el mercado corporativo. Personalmente no he conocido ninguna empresa que haya trasladado sus datos a un servidor en la nube propiedad de un ISP. Me han llegado referencias a través de terceros de alguna  pequeña compañía. Pero en las contadas ocasiones en que esto se da, son pequeñas empresas que por cuestiones de presupuesto o falta de personal IT, no pueden afrontar los costes que supone disponer de una infraestructura en condiciones.

Según un reciente informe de IBM, la nube ha dejado de ser una prioridad para los directores de IT. No nos extraña, un CIO tiene a su cargo muchas responsabilidades. Una de ellas es estar atento a las nuevas tecnologías que continuamente emergen en el mercado. Esto no quiere decir que tenga que salir corriendo detrás de cada perdiz que se divisa a lo lejos en el monte.

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Los criterios de compra de las organizaciones suelen ser primordialmente racionales (al menos eso queremos creer) y para cambiar la estrategia tecnológica de una empresa se necesita algo más que promesas de ligereza y música celestial. Un cambio de paradigma implica que tiene haber ventajas sustanciales que justifiquen tamaño esfuerzo.  Los compradores de humo duran muy poco en esta salvaje jungla.

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El ERP como motor de creación de valor: más allá de la eficiencia

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Hace  tiempo que tenía ganas de escribir este artículo, hoy leyendo este magnifico post,  en el blog de Anibal Goicoechea sobre el cambio de paradigma en los proyectos tecnológicos me he decidido. En el sector de las nuevas tecnologías todas las empresas llevamos años vendiendo la burra de la eficiencia, que está muy bien, pero el software para empresas debería de ser algo más que simplemente eso.

Que las soluciones ERP sirven para mejorar la eficiencia es un mantra bien sabido y repetido por fabricantes, partners y expertos en decenos de folletos, páginas webs, catálogos, post de blogs, tweets e inlcuso hasta en Facebook. Nadie pone en duda este axioma, pero a nuestro juicio, la verdadera cuestión es la siguiente: ¿los ERP solamente sirven para mejorar la eficiencia? ¿Es esta su principal misión?

¿Hacia donde nos lleva la eficiencia?

La eficiencia es un camino de una sola dirección, generalmente sólo hay una manera más eficiente de hacer un trabajo. Reconozcamos que aprovechar el papel higiénico usado para limpiarse los mocos es una formula muy eficiente de minimizar el gasto en consumibles, pero  que nadie está dispuesto a implementar.

La teoría general de sistemas nos dice los sistemas cerrados son mucho más eficientes que los sistemas abiertos, desgraciadamente las empresas, los seres humanos y los grupos sociales son sistemas abiertos. Algunos ejemplos de sistemas cerrados son una olla a presión o un pistón mecánico, así que ya lo saben si nuestro objetivo es eficiencia debemos aspirar a convertirnos en un mecanismo.

¿Existe algún otro objetivo que perseguir ?

Ahora bien en muchos casos la importancia de la eficiencia es secundaria cuando no irrelevante, tomemos cómo sencillo ejemplo el de la industria del lujo. En este tipo de productos, la eficiencia es un atributo a evitar, su sobriedad austera no encaja nada con la pompa y el exceso tan característico de productos cuya principal ventaja es que sirven para la ostentación. Está claro que es un ejemplo extremo, pero tenemos claros que a la hora de escoger un producto u otro lo que nos hace decantarnos es el valor que nos aporta, en relación a su precio.

La eficiencia empresarial que garantiza la mayoría de los fabricantes de soluciones ERP, principalmente tienes efectos sobre la segunda variable de los costes, que nos permite o bien bajar precios o ser más rentables, pero por muy eficiente que sea su empresa, sino aporta valor no irá muy lejos.

El objetivo principal que tendríamos que tener en mente a la hora de implantar, no sólo un ERP, sino cualquier solución empresarial, debe de ser incrementar la capacidad de la empresa para crear valor, una empresa eficiente que crea menos valor para sus clientes que la compentencia no es nada. Esta claro  que podemos generar valor mediante la eficiencia, pero este sólo es una pequeña parte del total.

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El uso de pantallas táctiles en ERP y otras aplicaciones empresariales

Si algo tiene caracteriza a un ERP es la amplia funcionalidad que ofrece y la cantidad de programas con los que podemos trabajar dentro de la misma suite. Esto tiene la lógica ventaja de la integración de las actividades de la emprsea, pero esta visión tan integradora no está exenta de ciertas limitaciones.  Como dice el refranero español, quien mucho abarca poco aprieta y este a la postre es un problema común a casi todas las suites ERP, tienen unas interfaces de usuario muy poco adaptadas a los roles específicos de cada usuario. Al final siempre acabamos viendo cuadrículas de datos, formularios de búsqueda y pestañas, a pesar de que utillizamos aplicaciones para cosas tan distintas como crear pedidos o planificar la producción, tenemos siempre la sensación de estar viendo la última pantalla.

Un cambio en el paradigma tecnológico

Las pantallas táctiles suponen una forma totalmente nueva de interactuar con los dispositivos electrónicos. En cierta medida son la evolución del ratón, que mediante un cursor nos permite introducir un dedo virtual  dentro de la pantalla de nuestro ordenador. Ahora en vez de tocar los elementos a través del cursor podemos hacerlo con nuestros propios dedos. Esto facilita en general todo tipo de interacciones, salvo las de introducir o picar datos. Por razones de ergonomía la manera más rápida de escribir con un teclado es la tradicional utilizada con las máquinas de escribir, sentado con los antebrazos apoyados sobre una superficie plana. Con teclados virtuales se pueden conseguir resultados parecidos e incluso superiores (al no tener que presionar las teclas podemos escribir más rápido). Salvo esta excepción el trabajo es mucho más fluido y la experiencia del usuario mucho más agradable.

Si además tenemos en cuenta que los sistemas informáticos cada vez se nutren menos de datos picados a manos y que el tener un pantalla táctil no significa  el renunciar al teclado ya que  podemos incorporar uno físico o virtual las excusas para no incorporar este nuevo tipo de tecnologías son cada vez más escasas.

Del usuario a la empresa

El principal problema que existe en las empresas a la hora de incorporar este que la industria del software empresarial es bastante más lenta que la del software de consumo. En el segmento alto del ERP salvo Oracle que ha hecho JD Edwards compatible con Ipad y ha lanzado aplicaciones móviles como parte integrada de su software de inteligencia de negocios, hemos encontrado pocos esfuerzos por parte los fabricantes.

Además para conseguir que esta tecnología sea aplicable y operativa no basta con que las aplicaciones actuales sean compatibles con el uso de dispositivos táctiles, es neceario un completo rediseño de las interfaces de usuario de acuerdo con esta nueva forma de interactuar con las aplicaciones. Por lo que parece hasta el momenot, no vemos muchos movimientos en la industria encaminados a esta transición. Tal vez prefieran seguir ordeñando de manera tranquila los clientes actuales. Pero en cualquier caso han de tener cuidado, en cualquier momento puede aparecer un retador.

El ERP del futuro: Interfaces totalmente customizables

En el mundo técnico de la informática siempre ha habido una tendencia latente de desprecio hacia el diseño. Muchas veces los desarrolladores y técnicos quieren que las soluciones que crean cumplan su propósito de una manera robusta y eficiente, entienden que cualquier adicción o floritura que no cumpla un objetivo funcional totalmente justificado es un añadido prescindible que puede acabar influyendo en el rendimiento y la robustez de la paltaforma. Para colmo muchos de ellos comenzarón su formación en una época en la que las máquinas tenían mucha menor potencia y eran más caras, por lo tanto cuando se enseñaba a la gente a programar se ponía un especial enfasis en el reduccionismo. En los 80 y 90 por ejemplo era común utilizar nombres de variables de tres caracteres para reducir el tamaño de los programas.

En un mercado maduro y saturado como es el de las soluciones ERP, donde la mayoría de la funcionalidad que requieren las empresas se ha convertido y muchas soluciones permiten hacer desarrollos que den recojan casí cualquier lógica de negocio, vamos a ver como progresivamente se comenzará  a poner el foco en otro tipo de atributos como el diseño que hasta ahora han pasado inadvertidos

Los ERP y sus feas pantallas

El diseño de interfaces de amigables, fáciles de aprender y utilizar que permitan a los usuarios ser más productivos y trabajar de una manera más comoda, es sin duda una de las tareas pendientes de la mayoría de las plataformas que encontramos en el mercado. El problema de base es el siguiente, las suites ERP son paquetes de aplicaciones complejas que recojen un gran numero de procesos y transacciones, pero cuando navegamos a través de ellos casi siempre tenemos la sensación de estar en la misma pantalla. Formularios y tablas de datos, para dar cabida a semejante complejidad operativa se ha optado por unos elementos comunes de manipulación y consulta de datos que ese reproducen en todads las pantallas, ya sea para confirmar pedidos como para dar de alta rutas de fabricación de artículos y listas de materiales.

Esto que en principio es una solución sagaz y que los ERP hayan venido funcionado durante las ultimas de 3 decadas, a la postre se ha convertido en una lastre. La mayoría de las grandes soluciones del mercado, son además de suites ERP plataformas de desarrollo, que permiten a los desarrolladores de partners y clientes añadir mucha funcionalidad con algunas restricciones. Pero en el lugar donde fallan todas, al menos las que yo conozco, es la hora de personalizar las interfaces de usuario.

Algo mucho más complejo de lo que parece

Esta claro que el software sin functionalidad no es nada, pero el diseño puede ser la clave para distinguir paquetes de software con una funcionalidad idéntica. Las aplicaciones de Business Intelligence nos ofrecen muchas maneras de presentar un mismo conjunto de datos, las aplicaciones ERP deberían de tomar nota de esta familia de productos y ofrecer unas opciones mucho más amplias en cuanto diseño de interfaces de usuario se refiere. Es más deberían de ser capaces de integrar el proceso de diseño de interfaces como una parte más del desarrollo a medida de sus soluciones. Además de ofrecer más opciones en la parametrización de la solución para poder ofrecer a cada usuario una interfaz de usuario más acorde con lo que realmente necesita para desarrollar su trabajo. Aunque esto probablemente dé para escribir otro artículo.