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Los gigantes de internet acabarán por encoger

Cuando pensamos en Google, Facebook, Twitter y Amazon y hablamos de auténticos titanes que son líderes absolutos en sus respectivos mercados. En estos momentos es difícil concebir como alguna empresa podría llegar a disputarles su liderazgo. Pero si hacemos caso a lo que nos dice la historia ese momento llegará y tal vez esté cerca.

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Los comienzos de los monopolios: el tráfico de capitales

Durante casi mil años, la disposición de efectivo en Europa estuvo ligada a su transporte. Si un comerciante quería adquirir bienes en cualquier lugar necesitaba llevar el dinero consigo. No fue hasta comienzos del siglo XI cuando gracias a la Orden del Temple fue posible viajar desde Europa hasta Jerusalén sin la necesidad de llevar todo el dinero encima. Los peregrinos retiraban fracciones del montante en las distintas encomiendas  y fortalezas que había distribuidas a lo largo del camino. Un complejo sistema de contabilidad y documentación permitía que una orden de pago emitida en Zaragoza fuera ejecutada en San Juan de Acre y posteriormente compensada en la contabilidad interna de la orden.

Cuando la Orden del Temple fue suprimida por el Papa, su preeminencia en el tráfico de capitales había decaída hasta el punto de ser desplazado por las principales casas italianas de banca. Hoy en día miles de entidades prestan servicios de este tipo.

El caso del tráfico de mercancías

Durante casi 250 años una parte muy sustancial del tráfico transoceánico de mercancías, fue monopolio exclusivo de la “Española”, que controlaba el tráfico de mercancías entre casi toda América y de gran parte de Asia con Europa. No fue hasta comienzos del siglo XVII cuando holandeses y británicos comenzaron a disputar el comercio transoceánico (sobre todo a Asia) a los españoles fundando sendas compañías en sus respectivos países. Hoy en día es incontable el número de navieras que se dedican a transportar bienes.

Un poco de perspectiva

Seguro que hace 900 años parecía mucho más inconcebible la caída del Temple que lo que hoy nos pueda parecer la caída de Google. Es muy improbable que Google o Facebook desparezcan  o que se vuelvan totalmente irrelevantes como pasó con Myspace o SecondLife. Doy casi por descontado que con el tiempo perderán mucha relevancia en sus propios mercados, o que tal vez esos mercados se conviertan en irrelevantes por la irrupción de productos sustitutivos.

La gloria que precede a la caída

En cualquier caso, en la hegemonía se encuentra el germen de la caída. Tal y como pasó con templarios, banqueros italianos, españoles y británicos, cuando alguien tiene una posición muy privilegiada comienza a ser mirado suspicacia.

Si en los últimos años se había creado un caldo de cultivo plagado recelos hacía Facebook y en menor medida hacia Google, los últimos escándalos de espionaje por parte de la NSA han encendido una mecha que nos sabemos a dónde conduce.

Google está bien protegido por las barreras tecnológicas aunque su afán por querer abarcarlo todo está creando muchas oportunidades que los jugadores de nicho que pueden ser capaces de  sacar partido a algunas de sus inconsistencias. Al fin y al cabo, esto fue lo que hizo Facebook.

En cambio Twitter y Facebook no se asientan sobre ninguna barrera tecnológica sino sobre su popularidad. La gente está ahí porque todo el mundo está ahí, aunque para muchos como yo, esto ha dejado de ser una ventaja.

Si queremos hacernos un favor a nosotros mismos, tal vez deberíamos de dejar de prestar atención a lo que dice tal o lo que dice Facebook o a los  nuevos cambios que ha hecho Twitter. Tal vez debamos abrir los ojos y ver qué es lo que se está moviendo alrededor. Hay muchos cisnes negros escondidos en el estanque esperando asomar la cabeza.

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Una visión en perspectiva de las redes sociales (II)

Del hombre masa al hombre Twitter hasta llegar a Justin Bieber

Las redes sociales ¿el imperio del mal?

Los medios de masas son como el cemento que mantiene unida a las sociedades postmodernas. Pero es tan fuerte nuestra tendencia a buscar las pequeñas comunidades, que por muy fuertes que sean las tendencias históricas y la presión social, al final siempre terminan aflorando nuestros instintos.

La cultura y la economía de las masas, unida al capitalismo, proporciona un bienestar económico mayor, más salubridad y una vida más longeva que los anteriores sistemas sociales conocidos. Todas estas “necesidades” pertenecen a los escalones más bajos de la pirámide de Maslow. No obstante este modelo, tiene otros inconvenientes que dificultan a la mayoría de los individuos alcanzar la plena satisfacción de los escalones más altos de la pirámide.  A saber, la estimación ajena, la autoestima y la autorrealización.

Somos residentes de nuestra ciudad, trabajadores de nuestra empresa, paisanos de nuestra región, ciudadanos de nuestro país, miembros de la comunidad europea. Aunque no pensemos mucho en ello, nuestra pertenencia a cada uno de esos grupos nos exige dar algo a cambio. Bien sea una parte del fruto de nuestro trabajo o parcelas de nuestra mente y tiempo además de una porción nada desdeñable de nuestra libertad y voluntad. Dichas cesiones y en especial esta última limitan bastante nuestras posibilidades y acortar nuestro radio de acción. Aunque en la mayoría de los casos no seamos o no queramos ser conscientes este es un hecho innegable.

Cada grupo tiene sus distintas reglas o códigos de conducta y pertenecer a siete grupos implica tener que observar siete códigos distintos de conducta a veces parcialmente incompatibles. Ser miembro de un grupo siempre nos permite obtener algo, pero a la vez, nos exige a nosotros dar algo también.

Como bien saben cualquier publicista la atención es el recurso económico más escaso. Los hombres sólo podemos  prestar atención a una cosa a la vez, las mujeres tal vez a más pero con un nivel de intensidad mucho más bajo. Teniendo “tantos compromisos sociales”  resulta cada vez más difícil centrarse en uno mismo e intentar emprender ese largo y difícil camino necesario para buscar nuestra autorrealización. Somos menos dueños de nuestro destino y por lo tanto tenemos menos opciones para poder convertir nuestra vida en lo que nosotros queremos que sea y lograr el pleno desarrollo de nuestras facultades. Algunos tal vez lo consigan, pero porcentualmente son un porcentaje mínimo.

 

¿Por qué la cultura de masas es el germen de la infelicidad?

Es mucho más difícil encontrar nuestro lugar en una colmena que una manada, es una pura cuestión aritmética. Cuesta más alcanzar la estima ajena entre una multitud que ante un pequeño pueblo. En ninguno de los dos casos es una tarea fácil. Para millones de personas Cristiano Ronaldo, Messi o Belén Esteban, ocupan parcelas de su mente mucho más importantes que cualquiera de sus vecinos, amigos o compañeros de trabajo. Nuestra mente está totalmente imbuida por cuestiones que totalmente ajenas a nuestra experiencia sensorial directa, como el último encuentro de nuestro equipo de fútbol, la boda de los príncipes de Inglaterra, la coyuntura económica o el modelo educativo. Preferimos preocuparnos de esas cuestiones que hacer deporte, cuidar nuestra relación de pareja, pensar en cómo mejorar nuestra economía o sentarnos a hacer los deberes con nuestros hijos.

Pongamos un sencillo ejemplo: Justin Bieber tiene unos 100 millones de fans. Si cada uno de ellos admirara a una persona que realmente conoce,  (y cualquiera conoce a un puñado de personas más dignas de admiración que Justin Bieber) el mundo sería un lugar mucho más feliz. Habría 100 millones de personas más que más felices, gracias a la admiración recibida y  los admiradores a su vez, tendrían muchas más posibilidades de ser correspondidos. Además, no tendrían que hacer largas colas a intemperie para poder ver de cerca al objeto de su admiración.

Pero para poder mantener sociedades tan gigantescas cohesionadas necesitamos a CR7, Justin Bieber y el BCE. Necesitamos instituciones y mitos, sin ellos las sociedades que conocemos no pasarían de ser simples agrupaciones de individuos. Y la atención y el tiempo que dedicamos a esos mitos e instituciones es una parte del precio que tenemos que pagar por ser miembros de esas sociedades. Toda la atención que prestamos a los elementos “sociales” es la detraemos de nuestro entorno más inmediato.

Pero llegado a este punto la tecnología se puso de nuestro lado y nos permitió volver a dar rienda suelta a nuestra tendencia a relacionarnos en pequeñas comunidades que pueden sobrevivir entre el magma de la gran sociedad. Comunidades no formadas por los lazos de sangre o la cercanía geográfica  sino por la afinidad emocional, sentimental, intelectual o ideológica.

Y antes de tratar el asunto en profundidad es importante destacar como ejemplo que la primera red social que alcanzó una cierta relevancia (Myspace) nació como una alternativa a uno de los elementos de la sociedad moderna más relevante, la industria cultural, que por aquel entonces tenía un férreo control sobre los medios de promoción y era la que decidía quien estaba dentro fuera y quien estaba fuera. Myspace nació como un espacio donde el artista desconocido podía colgar su música y promocionar su música, el mismo Justin Bieber.

En este artículo hemos podido profundizar un poco más en el análisis de los antedecentes. En la próxima entrega entraremos directamente en harina y haremos una análisis un poco distinto del habitual sobre las redes sociales.

De la era del mass media a la era del social media

Los medios de masas son como el cemento que mantiene unida a las sociedades postmodernas. Pero es tan fuerte nuestra tendencia a buscar las pequeñas comunidades, que por muy fuertes que sean las tendencias históricas y la presión social, al final siempre terminan aflorando nuestros instintos.

La cultura y la economía de las masas aunque objetivamente proporciona un bienestar económico mayor, más salubridad y una vida más longeva, necesidades todas ellas pertenecientes a los escalones más bajos de la pirámide de Maslow, tiene otros inconvenientes que dificultan a la mayoría de los individuos alcanzar la plena satisfacción de los escalones más altos de la pirámide.  A saber, la estimación ajena, la autoestima y la autorrealización.

Somos residentes de nuestra ciudad, trabajadores de nuestra empresa, paisanos de nuestra región, ciudadanos de nuestro país, miembros de la comunidad europea. Aunque no pensemos mucho en ello, nuestra pertenencia a cada uno de esos grupos nos exige dar algo. Bien sea una parte de lo obtenido con nuestro trabajo, dedicar nuestro tiempo y parcelas de nuestra mente y lo más importante, una nada porción de nuestra libertad y voluntad. Porque cada grupo tiene sus distintas reglas o códigos de conducta y pertenecer a siete grupos implica tener que observar siete códigos distintos de conducto. Y pertenecer a un grupo siempre nos permite obtener algo, pero a la vez, nos exige a nosotros dar algo también.

Como bien saben cualquier publicista la atención es el recurso económico más escaso. Los hombres sólo podemos  prestar atención a una cosa a la vez, las mujeres tal vez a más pero con un nivel de intensidad mucho más bajo. Teniendo “tantos compromisos sociales”  resulta cada vez más difícil centrarse en uno mismo e intentar emprender ese largo y difícil camino necesario para buscar nuestra autorrealización. Somos menos dueños de nuestro destino y por lo tanto tenemos menos opciones para poder convertir nuestra vida en lo que nosotros queremos que sea y lograr el pleno desarrollo de nuestras facultades. Algunos tal vez lo consigan, pero porcentualmente son un porcentaje mínimo.

Por otro lado, está claro que es mucho más difícil encontrar nuestro lugar en una colmena que una manada. Es muchísimo más complicado alcanzar la estima ajena entre una multitud que un que un pequeño pueblo. Para millones de personas Cristianos Ronaldo, Messi o Belén Esteban ocupan parcelas de su mente mucho más importantes que cualquier de nuestros vecinos. Nuestra mente está totalmente imbuida por cuestiones que nos son totalmente ajenas como el último encuentro de nuestro equipo de fútbol, la boda de los príncipes de Inglaterra, la coyuntura económica o el modelo educativo. Preferimos preocuparnos de esas cuestiones que hacer deporte, cuidar nuestra relación de pareja, pensar en cómo mejorar nuestra economía o dedicar tiempo a la educación de nuestros hijos.

Pongamos un sencillo ejemplo: Justin Bieber tiene unos 100 millones de fans. Si cada uno de ellos admirará a una persona que realmente conoce,  (y seguramente cualquiera de esos cien millones conoce a un puñado de personas con más meritos que Justin Bieber) el mundo sería un lugar mucho más feliz. Habría 100 millones de personas más que más felices, gracias a la admiración recibida y  los admiradores a su vez, tendrían muchas más posibilidades de ser correspondidos. Además, no tendrían que hacer largas colas a intemperie para poder ver de cerca al objeto de su admiración.

Pero para poder mantener sociedades tan gigantescas cohesionadas necesitamos a CR7, Justin Bieber y el BCE. Necesitamos instituciones y mitos, sin ellos las sociedades que conocemos no pasarían de ser simples agrupaciones de individuos. Y la atención y el tiempo que dedicamos a esos mitos e instituciones es una parte del precio que tenemos que pagar por ser miembros de esas sociedades.

Pero llegado a este punto la tecnología se puso de nuestro lado y nos permitió volver a dar rienda suelta a nuestra tendencia a relacionarnos en pequeñas comunidades que pueden sobrevivir entre el magma de la gran sociedad. Comunidades no formadas por los lazos de sangre o la cercanía geográfica  sino por la afinidad emocional, sentimental, intelectual o ideológica.

Y antes de tratar el asunto en profundidad si que es importante destacar que la primera red social que alcanzó una cierta relevania (Myspace) nació como una alternativa a uno de los elementos de la sociedad moderna más relevante la industria de la música de masas, que por aquel entonces tenía un ferreo control sobre los medios de promoción y era la que decidía quien estaba dentro fuera y quien estaba fuera. Myspace nació como un espacio donde los artista desconocidos podía colgar su música y promocionar su música, el mismo Justin Bieber.

Una visión en perspectiva de las redes sociales (I)

Las redes sociales y sus guerras

Como profesional del marketing he venido siguiendo con interés todo lo relacionado con las redes sociales. Y digo bien, como profesional. Personalmente las redes sociales me generan el mismo interés que un destornillador o un exprimidor de zumos, herramientas que utilizo en momentos concretos para hacer cosas específicas. No soy ni un apasionado de los medios sociales, ni un evangelista ni nada parecido. No aspiro a convertirme en especialista de ninguna herramienta de marketing o de comunicación, simplemente intentó comprender la forma de pensar, sentir y actuar de la gente.

La diferencia entre la historia y el periodismo es que la primera escribe sobre hechos ya consumados, de los que conocemos su conclusión y por tanto es más sencillo tirar de hilo y separar el grano de la paja. Detectar cuales fueron los hechos relevantes y cuáles no tenían importancia.

En cuanto a la actualidad, la cosa no es tan sencilla, todo puede ser grano o ser paja. Con las redes sociales estamos un punto intermedio, todavía son actualidad, pero por otro lado tenemos algo de  material histórico para poder un análisis en  perspectiva y ver cuál ha sido el impacto real que han tenido en nuestras vidas, en nuestra forma de relacionarnos, comunicarnos y consumir información.

Antes de las redes sociales: del hombre manada al hombre colmena.

La historia de los últimos 10.000 años puede resumirse en continua transición del hombre desde las cavernas hasta las ciudades. Durante este periodo hemos abandonado nuestro tradicional modo de vida que durante los últimos 200.000 años ha servido al homo sapiens.  Y que por otro lado no parece ser casi idéntico a las especies que nos precedieron, tal vez desde el Homo Habilis durante un periodo estimado de al menos 2 millones de años.

Nos  referimos a las tradicionales bandas de cazadores-recolectores de no más de 200 individuos que han  sido la base de la organización social de nuestra especie.  Todavía hoy en los lugares más recónditos del planeta podemos encontrar pequeñas sociedades aisladas que viven como auténticos hombres.

Es tal la imprimación biológica que tenemos de este modelo de organización que sólo con los recientes avances en la técnica y la ingeniería social se ha podido completar esta transición. Se cree en el año 2030 más del 60% de la población vivirá en ciudades. La técnica ha sido de gran ayuda. En la edad antigua se necesitaba todo un imperio y una red de ciudades para sostener una gran metrópolis como Roma con más de un millón de habitantes.

Desde la revolución industrial y gracias especialmente a su aplicación en la agricultura, la cantidad de superficie agrícola y forestal necesaria para sostener a un millón de habitantes ha ido drásticamente en descenso, lo que ha permitido un incremento exponencial en el número de ciudades y habitantes de las mismas. Por otro lado el avance de la ciencia y la técnica ha permitido un mayor aprovechamiento de los recursos fósiles y energéticos como la energía hidráulica o solar.

Pero el verdadero impedimento para superar este modelo ha sido nuestra resistencia natural a vivir en comunidades grandes. Para superar esa tendencia han sido necesarios tres factores esenciales: la falta de viabilidad económica en los pequeños núcleos rurales, la escolarización y los medios de comunicación.

¿Un artículo sobre redes sociales y todavía no se ha mencionado ni a Facebook  ni a Twitter? Y lo que te rondaré, antes de hacer un análisis histórico  minimamente serio es necesario hacer un repaso a los antecedentes y para eso nos quedan todavía un par de artículos que en breves estarán disponibles en sus pantallas.

La capacidad de síntesis e interpretación en la era Google

Los motores de búsqueda y su impacto en la sociedad

Los motores de búsqueda, esa maravilla que convirtió internet en algo accesible

El desarrollo de los motores de búsqueda ha jugado un papel clave en la difusión de internet como herramienta de acceso a la información, hasta el punto de haber modificado totalmente nuestros habitos en cuanto a consumo de información se refiere.

Antes de la aparición de los motores de búsqueda, encontrar información en Internet era una tarea bastante costosa, muchas veces desesperante.

Básicamente había dos formas. La primera era escribir la dirección que habíamos visto en un anuncio, o nos habían enviado por email en la barra de direcciones. Era el internet del boca a boca, la repetición hasta la saciedad del nombre del dominio en los anuncios que funcionó tan bien durante algunos años. La segunda era acudir a los predecesores de los motores de búsqueda, los directorios de Internet como Altavista y otros. Los resultados ofrecidos porno solían ser muy buenos, tanto por lo escaso de su alcance y por la falta de relevancia, al menos en comparación con Google. Parece que hayan pasado siglos de esto, pero hace menos de veinte años.

El resto de la historia es conocida, dos estudiantes de Standford tuvieron la idea de combinar el rastreo y conteo de enlaces. La idea era sencilla: rastreas todos los enlaces disponibles para encontrar más enlaces y tener así un registro de gran parte de las páginas contenidas en Internet. Partían de una premisa, las páginas más enlazadas debían de ser las mejores, teniendo en cuenta el texto incluido en el enlace se podía establecer un ranking de las páginas más relevantes para esos términos de búsqueda. La verdad es que desde el primer momento la calidad de los resultados ofrecidos fue siempre muy buena (al menos comparado con sus predecesores). Desde entonces todo ha cambiado tanto que a veces nos resulta difícil saber, que es lo que hacíamos antes de que existiera Google.

En pocos años aparecer en las primeras posiciones del famoso buscador se convirtió en sinónimo de éxito. Asistimos al nacimiento de una nueva disciplina el SEO (Search Engine Optimization) cuyo objetivo último era lograr que nuestra web apareciera en los primeros puestos de los resultados del buscador. Ha sido tal el impacto de esta tecnología que hasta ha ocasionado cambios en la forma de funcionar de nuestra mente.

El impacto de Internet en nuestra mente y  forma de ver el mundo

Los estudios científicos realizados parecen indicar que aunque el uso de Internet afecta de manera negativa a nuestra memoria episódica y de manera positiva a nuestra capacidad de procesar datos. La explicación es sencilla, al tener acceso instantáneo a un repositorio tan completo de datos, existe gran cantidad de información que no es necesaria memorizar, por otro lado al tener acceso una mayor cantidad de fuentes de dato, nuestra capacidad de pensar y concebir no se ve limitada por la falta de fuentes de información. Al contrario, en ocasiones, es difícil no sentirse abrumado ante tanto material.

Pero existe una cuestión de un profundo calado, a la que no se ha prestado suficiente atención y es el impacto que suponen los buscadores de internet y su capacidad para ofrecer resultados en nuestra manera de ver el mundo. Por su naturaleza numérica y modo de funcionamiento, los motores de búsqueda tienden a ofrecer resultados más fiables cuando estamos buscando información sobre cuestiones, concretas y específicas. En los formularios de inserción las preguntas de carácter cualitativo y profundo no tienen cabida. Google aunque ensancha nuestro universo mental, también tiende a estrecharlo en cierta manera y tendemos a considerar que todo lo que se encuentra fácilmente internet no existe o no merece la pena.

El estadounidense Nicholas Carr, afirmaba en su obra que Internet está debilitando algunas funciones de la mente. Especialmente aquellas más elevadas como el pensamiento profundo la capacidad de abstracción y la memoria. Todo comenzó con su artículo publicado en 2008 bajo el título de: ¿Está Google haciéndonos estúpidos? En el constataba como su propia capacidad de concentración había disminuido enormemente y le costaba conservar la concentración más allá de dos o tres páginas.

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La tecnología nos hace lelos

En cierta manera la tecnología esta binarizando nuestro pensamiento. Tendemos cada vez a manejar cada vez frases más pequeñas e ideas menos complejos. La longitud de las frases utilizadas en la prensa escrita ha disminuido enormemente en los últimos cien años.  En el interesante libro Enfermos de Información de Todd Glittin se cita un estudio en el que se confirma como durante todo el pasado siglo la tendencia a utilizar frases cada vez más cortas y sencillas ha sido constante.  Incluso en algunos best-sellers actuales como El Cisne Negro, donde se exponen ideas brillantes, uno tiene la sensación de estar navegando por ese estilo caótico de internet, donde se salta con demasiada facilidad de un tema y los capítulos parecen tener una estructura muy pobre.  Muchos apuntan a que esta tendencia comenzó con los precursores de la máquina de escribir como la que utilizó Nietzsche para escribir sus obras.Sin duda la modernidad no está volviendo cada vez más estúpidos

Los clásicos como  Herodoto, Platón o Tito Livio utilizaban por lo general frases muchos largos la mayoría de los autores modernos. El autor más complejo de cuantos he leído es Adam Smith. Muchas veces tenía que releer frases de varias líneas para poder comprender su sentido. Aunque en algunas ocasiones el autor podría haber dicho lo mismo utilizando menos caracteres. Pero en cualquier caso no duda de que las ideas y razonamientos eran de un elevado nivel de complejidad y abstracción,  algo que cuesta encontrar hoy en día.

En el siglo XXI vamos mucho al dato concreto, al hecho. Nuestro consumo de información suele ser una sucesión de hechos, teorias y fechas,  conectados con la vorágine del día a día. Sin un hilo conductor que interprete cual es la conexión entre estos. Resulta cada vez más difícil encontrar a gente con capacidad de interpretar las cosas. Y es que esa habilidad no encaja con la vorágine del mundo actual, de la noticia del momento y la sensación de lo instantáneo. La realidad que nace por la mañana y caduca por la noche. Aunque el periodismo haya dado paso a la historia, yo cada vez estoy más de acuerdo con una definición de noticia que hoy hace tiempo, cualquier noticia es una ignorancia de la historia.

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Las redes sociales en el ámbito profesional

Antes de empezar, he de reconocer que yo también piqué el anzuelo. Sí, también me tragué el camelo de las redes sociales. A nivel personal, nunca he sido muy aficionado a su uso. Esto no impidió que en un momento dado me vi arrastrado por el tsunami y abrí los típicos perfiles en redes sociales: Twitter, Facebook, Google , et., a pesar de que mi intuición que me decía que eso no iba con nuestro negocio… Al principio fue simplemente un refuerzo del posicionamiento orgánico, con el tiempo Google cambió sus criterios y comenzó a dejar de tener en cuenta los enlaces en redes sociales como FB o Twitter, a excepción parece ser de Google .

Como no, también nos dejamos caer por LinkedIn esa nueva Ítaca, para profesionales y empresas que en teoría es la red social ideal para el B2B.  El problema es que en LinkedIn todo el mundo está porque quiere vender algo, poca gente tiene presencia en esta red para intercambiar, interactuar y conocer. Esto lo convierte prácticamente en un infierno virtual para vendedores: muchos colegas de profesión y pocos compradores.

Por otro lado el uso de las redes sociales como herramienta profesional coarta el  tono, la temática utilizada y en general la comunicación fluida, lo que a larga se traduce en una pobreza general del canal. Casi nadie habla como profesional con la misma franqueza que puede hacerlo en su ámbito personal. Al final la corrección política¸ ese monstruo que devora nuestra libertades, acaba convirtiendo las redes sociales de profesionales en enorme páramo aburrido lleno de vacuidades y generalidades con un muy poco contenido de interés. Donde nadie quiere granjearse una enemistad y todo el mundo quiere quedar bien con todos, por eso de no cerrarse ninguna puerta. En definitiva, la cuadratura del círculo.

El problema de la fiabilidad

Esto hace que a la postre y en general, el contenido de LinkedIn sea menos fiable que la edición del Pravda de la tarde. Pondré un ejemplo, si una empresa está considerando cambiar su ERP y pide consejo sobre que aplicación escoger, el grupo en cuestión se llenará de comentarios y sugerencias de personas involucradas con la marca x o y, contando las bondades de su productos.   Los que realmente tendría que hablar de su experiencia, usuarios de las aplicaciones, verán en cierta medida coartada su libertad, ya que su exposición es pública y según la creencia generalizada en el mundo de la empresa no conviene crearse enemigos de manera gratuita sin sacar nada a cambio. A fin de cuentas, el Director de Informática de mi empresa puede ser amigo del comercial del fabricante del ERP X o amigo intimo del Director de Proyecto de la empresa que nos lo implantó. Así de todos modos las personas que tienen información sobre cuestiones de interés, se preguntan ¿Qué gano yo con todo esto? Y automáticamente se inhiben de emitir su opinión.

Las redes sociales mataron el anonimato en Internet, con él puede que también muera la sinceridad con la que la gente se expresaba en los foros. Curiosamente las mejores fuentes de información en Internet sobre asuntos críticos, siguen siendo los comentarios anónimos y semianónimos. Y es que olvidamos con frecuencia que unas de las grandes ventajas que tiene Internet es la privacidad o incluso la identidad múltiple, que nos permite emitir nuestra opinión con libertad sin que seamos castigados por ello, lo que al contrario sucede casi siempre en la vida real.

Grupos de LinkedIn con nombres del estilo  “Social Media e Innovación en la empresa”, deberían de llamarse en realidad: “Community Managers con pocos clientes en busca de algún cliente”. Los profesionales que basan su trabajo en el conocimiento rara vez están dispuestos a regalar su verdadero conocimiento que es el instrumento a través del cual se ganan la vida.

Algunas implicaciones obvias del uso de las redes sociales en el ámbito profesional

Utilizar las redes sociales en horas de trabajos, es lógicamente considerado un síntoma de vagancia y desocupación, a menos claro está, que las utilices para vender algo. Esta es la razón por la las redes sociales para profesionales al final  resultan ser una horda de vendedores y profesionales del marketing, o lo que es peor aún, de expertos en redes sociales. Sí, he dicho bien, esa nueva plaga que estamos padeciendo, los que hoy nos venden una campaña en redes sociales hace cuatro años nos hubieran sugerido que comprar un terreno en secondlife.es

Por otro lado el tiempo y la capacidad de atención son dos de los recursos más limitados de los que disponemos. La multitarea humana solo funciona parcialmente en las mujeres, muy pocos hombres son capaces de hacer varias cosas a la vez y casi ningún humano es capaz de realizar dos cosas complejas a la vez, a menos de que sean tareas mecanizables, en cuyo caso al final siempre resulta preferible poner una máquina.

El caso es que si empleamos mucho tiempo en las redes sociales, de alguna manera se lo estamos robando, a algún otro tipo de actividad. Si prestamos atención a una cosa no podemos prestársela a otra.  El que pasa mucha en las redes sociales tal vez lo hace porque no tiene mucho trabajo, y si no lo tiene, tal vez es porque no sea muy bueno en lo que hace. A menos claro está, que esté intentando vender algo a través de las redes sociales.

Cuanto más pienso en las redes sociales  más me acuerdo de Apple y de los maestros en la organización industrial que innovaron a base de eliminar lo superfluo y centrarse en las cosas que realmente aportan valor.  En la redes sociales hay mucho de superficial, improductivo y lo que es peor, de cotilleo.

Mi yo  real y mi yo digital: la falsificación de la identidad digital

Con el ascenso de los medios sociales orientados a profesionales ha surgido un nuevo tipo de picaresca, la del amejoramiento o incluso falsificación de la identidad digital. El procedimiento es muy sencillo,  hay que sacar nuestro mejor traje y nuestra mirada/sonrisa más interesante para obtener una buena foto. Incluso si tenemos algún colega que maneje el Photoshop, podemos pedirle que nos haga unos retoques, que juegue con los canales o que nos blanquee los ojos y añada un desenfoque  gaussiano, que nos de una toque místico e incluso mágico, algo que nos distinga del resto de los gañanes que circulan por las redes sociales. Esta es sin duda la parte más importante.

Ahora solamente tenemos que edulcorar un poco nuestra experiencia, donde pone Reponedor Carrefour en Torrejón, simplemente debemos sustituirlas por Responsable Operativo de SCM en Carrefour- Zona Centro. Lo importante es utilizar muchos nombres raros en inglés, nombres para puestos muy largos, que desanimen al lector a llegar hasta el final de línea y largas parrafadas sobre las labores desempeñadas, que como siempre han de dejar impresionados al lector. Al puesto anterior por ejemplo, le iría muy bien una descripción de este tipo:

Durante mi periodo en este cargo tuve oportunidad mejorar mi capacidad para la organización y el orden (“nota del autor: equivale a coloque muchos tomates y cebollas”), así como comprender las complejas interdependencias que generan que se generan en los circuitos de abastecimiento del sector de la alimentación. (Ahora solo falta poner una nota humana) Pero lo más importante fue el trabajo en equipo y la maravillosa gente con la que tuve oportunidad de compartir mi trabajo, bla, blaba, blaba, blaba…..

Solo nos queda un detalle, ponerle una guinda al pastel en forma de recomendaciones apañadas con algún colega, a cambio claro está de recomendaciones en su perfil y vola, ya tenemos nuestra ración personal de botox digital.

Como conclusión diré algo que puede chirriar en esta era del maquillaje y las falsas apariencias. Ser y parecer son dos tareas que exigen mucho esfuerzo y dedicación, no se puede hacer bien ninguna de las dos. No se puede servir a dos señores a la vez, o te dedicas a aparentar o te dedicas a ser…

Estrategia para venta interna de proyectos TIC

Componiendo una estrategia

Una vez que hemos dado respuesta a todas las preguntas acerca del público al que nos dirigimos, componer una estrategia nos será mucho más fácil.  Probablemente  conforme estemos  analizando el problema vengan a nuestra mente soluciones. No obstante a la hora de diseñar estrategias de comunicación  hay varios puntos que si somos capaces de cubrir, tendremos una garantía más elevada de éxito.

Sin estrategia la partida está perdida

1. El mensaje tiene que ser homogéneo

Aunque nos vayamos a dirigir a diferentes públicos con distintas objeciones, el mensaje no puede tener contradicciones y ha de ser consistente. Debemos ser capaces de comunicar desde lo específico (el beneficio particular de los distintos grupos) a lo general (el beneficio global para la empresa).  Seleccionando pocos elementos que sean relevantes y coherentes entre sí, obtendremos mensajes más consistentes que a la postre serán más fáciles de comunicar.

Cómo dice el refrán se coge antes a un mentiroso que a un cojo y si no queremos que la estrategia se vuelva en nuestra contra debemos de ser capaces de prestar mucha atención a este punto.

3.      Priorizar con los interlocutores más válidos. Una de las mayores dificultades que los leones encuentran en grandes rebaños, es la capacidad para fijar la atención en una empresa. Si nosotros somos capaces de comprender esto tendremos mucho ganado. Quien mucho abarca poco aprieta.

4.      Planificar nuestras acciones. Me encanta que los planes salgan bien. Aunque rara vez se cumplan al 100%, es mucho mejor tener una plan de acción, cuanto más detallado mejor, que lanzarse a la piscina a ver que sale. Los planes siempre pueden ser rectificados.

Es muy importante tener en cuenta el momento y el lugar en el que vamos a realizar nuestra comunicaciones, ya que dependiendo de estos dos factores la probabilidad de éxito puede ser muy distinta.

Si somos capaces de tener en cuenta todos e estos puntos nuestro proyecto tendrá muchas más posibilidades de salir adelante. Garantizado.