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Los caminos de la innovación: Innovar bajo demanda

Esta serie de artículos pretende dar un repaso a los métodos más prácticos para incorporar la innovación no sólo a nuestra empresas, sino a cualquier actividad que realizemos.. Partiendo de la convicción de que innovar depende más de la actitud que de la tecnología, veremos cómo existen muchas maneras sencillas subirnos al carro de la innovación, sin tener que construir un acelerador de partículas.

Escuchar a los clientes

Steve Jobs decía “Puedes preguntarle a los clientes qué es lo que quieren y después intentar dárselo. Para cuando lo tengas construido, ellos querrán algo nuevo”. ¿Quiere decir esto que no debemos escuchar a nuestros clientes? Para nada, lo que realmente significa es que a veces incluso escuchar a nuestros clientes, puede no ser suficiente. En la medida de lo posible debemos anticiparnos, ser más conscientes que nuestros clientes acerca de sus necesidades latentes.   Esto nos permite tener una visión estratégica, saber hacia dónde nos llevan las tendencias.

Pero si algo está claro,  es que no debemos despreciar las sugerencias de nuestros clientes. Debemos buscarlas, fomentarlas  e incluso premiarlas. La excelencia está en los detalles y es muy difícil que una sola mente pueda controlarlos todos. Es más, la visión depende mucho del enfoque y nunca pueden tener la misma visión de un producto la empresa que la ha fabricado y sus clientes. Por eso es tan importante tener la mayor amplitud de miras posible y contar con el mayor número posible de puntos de vista a la hora de crear  o revisar un producto.

En general todos somos muy vagos a la hora de enviar nuestras sugerencias a nuestros proveedores a menos que estemos molestos por algo, por lo tanto deberíamos de ponerselo muy fácil. En este sentido no es descabellado utilizar una parte del packaging o de las campañas de publicidad para indicar a nuestros clientes que estamos siempre abiertos a nuevas sugerencias, esto podría incluso ayudarnos a la hora de diferenciarnos de nuestra competencia.
Escoger las aportaciones más valiosas

Está claro que cuanta más gente reclame un tipo de mejora concreta, más posibilidades tiene esta triunfar, es el valor de lo cuantitativo, pero no por ello debemos  de obviar lo cualitativo o incluso lo subjetivo.  A veces nos encontramos con sugerencias o propuestas minoritarias que pasan completamente inadvertidas y que esconden un potencial tremendo por su carácter disruptivo. Muchas veces este tipo de innovaciones suponen aplicar un tipo de enfoque totalmente distinto, hasta el punto de dejar el producto irreconocible. ¿Quién hubiera pensado hace 15 años una agencia de viajes para gays o mujeres divorciadas pudiera ser un negocio de éxito ? ¿Hace 70 años alguien habría pensado en añadir unas ruedas a una plancha de madera para practicar surf sobre el asfalto? Lo importante es no decirle que no a nada de antemano, hay que examinar todas las posibilidades en detalle.

Exportar la innovación

Ahora que ha conseguido aplicar una innovación a un producto debe preguntarse si innovación puede ser aplicada a algún otro producto de manera ventajosa. Si ve que no es aplicable, preguntesé si se puede aplicar algo de la lógica subyacente en la innovación. Aunque esto tal esta posibilidad debería de ser explorada más a  fondo en otro post. ¿Cuál es vuestra opinión? ¿Merece la pena?

El futuro de los productos españoles, consejos para sobrevivir a alemanes y chinos.

Ya sea por la escasa libertad económica o la falta de reservas de carbón, la revolución industrial en España comenzó tarde y de manera muy desigual. Además, el tradicional proteccionismo llevado a cabo por los distintos gobiernos en los dos últimos siglos, hasta el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea, ha lastrado seriamente la competitividad de nuestras empresas. Esto ha tenido dos consecuencias, los consumidores han soportado productos más caros  y de peor calidad por la falta de incentivo competitivo, lo que a la postre ha llevado a un desmantelamiento brutal del tejido industrial, cuando España se abrió al exterior. Como ejemplos de este tipo de industria podemos citar a la S.E.A.T, PEGASO, Astilleros, la actual Repsol, Endesa..  Algunas de ellas ya privatizadas y funcionando de manera viable con capital español, el resto en su mayor parte absorbida por empresas extranjeras.

Pero al margen de esta industria ineficaz y generalmente onerosa para el contribuyente y el cliente (bien sea vía subsidios, regulaciones o precios altos), en los ultimos 30 años en España han ido surgiendo otro tipo de industrias más profesionalizadas, competitivas, enfocadas al mercado. Empresas que han sabido aguantar y crecer  durante las sucesivas crisis que han azotado nuestro país  cual tormenta caribeña en las últimas décadas.  En todos los sectores desde la industria de los productos culturales hasta la fabricación de maquinaria pesada o bienes de equipo, existen empresas españolas que haciendo frente a mil dificultades han sabido abrirse camino en un mercado globalizado.

Los complejos: ni tan tecnológicos como los japoneses y alemanes, ni tan baratos como los chinos.

El principal escollo para la comercialización de bienes producidos/creados (se pueden producir fuera con capital español) en España, probablemente se halle en nuestras mentes.  Damos casi por sentado que sólo hay dos maneras de que un país sea una potencia industrial, la china y la alemana. Es decir, producir bienes a bajo precio o productos de alta calidad ( muchas veces es un concepto muy subjetivo) a alto precio. Por cuestiones obvias ninguna de las dos posibilidades está al alcance de España en este momento, la segunda opción es un objetivo legitimo y deseable en el medio y largo plazo, la primera además de inviable sería un tragedia. Aunquen existe empresas españolas muy competitivas en el mundo de la alta tecnología, es muy difícil aunque no imposible, que puedan hacer sombra a los grandes conglomerados americanos, alemanes, japoneses y coreanos con presupuestos enormes para investigación y desarrollo.

Por alguna extraña razón, hemos descartado el interminable mundo de posibilidades que hay entre los dos extremos. Como Zara, que sin ser moda lowcost ni Haute couture, ha conseguido un tremendo éxito, posibilitando al gran público en general ir bien vestido a un precio asequible .

Primera pauta: no despreciar las cosas pequeñas

Hace más de 2.000 un estratega chino llamado Sun-Tzu dijo: “Las cosas más difíciles del mundo deben hacerse mientras son todavía fáciles, las cosas más grandes del mundo deben hacerse mientras son todavía pequeñas”, si examinamos con detalle la historia, podemos comprobar hasta que punto estuvo acertado ese día. Apple y HP comenzaron en garajes. Por aquellas fechas el mercado de los ordenadores estaba vedado a las grandes empresas.  Unos 30 años antes de que se construyera el primer ordenador personal en un garaje, Thomas Watson presidente de IBM había estimado un mercado potencial de 5 ordenadores para todo el mundo.

El petróleo es junto con el agua una de las sustancias más consumidas por el hombre.  Probablemente en los países desarrollados el consumo per cápita de litros de petróleo supere al de agua. Además de ser utilizado como combustible para todo tipo de vehículos, generadores y maquinaria , sirve como base para la creación de gran cantidad de materias primas como plásticos y espumas. Sus primeros usos fueron mucho más modestos, se utilizó  para sustituir al encarecido aceite de ballena usado para prender en los candiles. Aunque no siempre se pueden alcanzar estas cotas de éxito, es mucho más fácil triunfar si comenzamos por cosas más asequibles.

En un sector aparentemente tan trillado como puede ser el de la moda. Podemos encontrar ejemplos como el dos empresas ubicadas en Aragón: Trango World y Nomad Skateboards que centrándose en dos segmentos muy específicos de la moda deportiva: ropa técnica de montaña y skateboard, han entrado con fuerza en mercados altamente competitivos, codeándose  con empresas de todo el mundo, incluso ampliando su presencia a otros segmentos como el de  la moda urbana.  Son sólo dos ejemplos, tal vez dos gotas de agua en un océano.

Pero lo más sorprendente de estos ejemplos para mí, es que a pesar de ser dos empresas ubicadas en mi ciudad, de las que conocía su existencia e incluso había comprado productos, las tenía por empresas extranjeras. Cuando me enteré de su origen, me mostré incrédulo e incluso decepcionado, tenía la sensación de que me habían dado gato por liebre. Había comprado producto nacional pensando que estaba adquiriendo una sofisticada marca de importación. Tras superar mi decepción esto me llevó a descubrir la segunda pauta.

Segunda pauta: tomar conciencia y no generalizar

Los productos son productos,  no son países. En todas partes hay gente buena y gente mala. Tanto en Alemania como en Japón se producen productos buenos y malos, y sus equivalentes españoles no tienen por qué ser necesariamente mejores. Cuando una empresa alemana fabrica ropa o perfume que pretende exportar evita que se note demasiado su origen, ya que la opinión más extendida es que los alemanes carecen de sensibilidad necesaria para crear ese tipo de productos, que por otro lado si que creemos que  tienen franceses e italianos. En resumidas cuentas si el origen de un producto puede ser un obstáculo para comercialización más vale presentarlo como un producto apátrida, aunque la experiencia demuestra que el nombre el origen, nunca suelen un obstáculo para un gran producto.

Se puede optar la opción de falsificar el origen de un producto, Victorio y Lucchino en realidad se llaman en realidad José Víctor y José Luís, Paco Rabanne en realidad era Francisco Rabaneda, son opciones legitimas. Pero su nombre y su origen parecen no haber sido obstáculo para el triunfo de marcas como Carolina Herrera, Jesús del Pozo o Pedro del Hierro. Lo más importante para lograr hacer algo, es estar convencido de que se puede hacer. Si esto lo tenemos claro, el resto son cosas que vamos haciendo para lograrlo. En el momento que perdemos esta convicción da igual lo que hagamos, rara vez lograremos nuestro objetivo.

Tendemos siempre a generalizar porque esto nos ayuda comprender mejor el mundo, o mejor dicho, nos ayuda a disminuir la ansiedad que nos produce el no poder entenderlo. Aunque simplificar puede ser tranquilizador, nos aleja de un gran número de oportunidades que podemos aprovechar.

Tercera pauta: pensar en humanos

Las cosas realmente buenas funcionan en todas partes. Alguien piensa a caso que la rueda hubiera podido quedarse confinada solamente a una parte del mundo. Las buenas novedades corren como la pólvora y las sencillas todavía más.  Da igual que usted no disponga de grandes recursos tecnológicos, como bien apuntaba el profesor Xavier Sala i Martín, las innovaciones más importantes de los últimos años provienen de sectores tradicionales.

Las pastillas de café por ejemplo, son un gran invento por su limpieza y rapidez de uso. Permiten disfrutar del buen sabor de un café expreso de manera rápido sin tener que llenar y vaciar un cazo al que se le queda pegado el café húmedo. Recientemente se hizo una encuesta entre personas de 18 a 65 años para determinar cuales eran los 100 mejores inventos de la historia y aunque como es lógico había una importante presencia de productos tecnológicos como: Internet, Google, el avión, los pc´s y hasta el Iphone o el Ipod. Pero lo más destacable es que la lista estaba compuesta en su mayoría por productos sencillos como: la cadena de baño, las gafas, el boligrafo, los zapatos, el cepillo de dientes, el tenedor y el cuchillo, las tijeras, el papel, la tetera la cama y el tejado. En definitiva, para usted que es más importante ¿su Iphone o sus zapatos?